rayos escupan mi piel fuera del color del delirio contagiado por el porvenir de mi destino, todo fijado en ese momento en el que los focos caen y vuelves a sentirte tan vacía que podrías explicarlo pero, surge de nuevo la constante de tu vida: ¿para qué contar si no pueden sentirlo los demás, más allá de tus palabras? vuelves a casa y prefieres quedarte bajo las mantas, sabes que no vale la pena salir a celebrarlo con ellos, ¿celebrar el qué? ¿que me siento vacía?