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Las brujas del sexo. Capítulo 2. (Relato de fantasía con JOI incluido).

Antes de comenzar, os recuerdo rápidamente que este es el segundo capítulo de una novela erótica que te da instrucciones de cómo y cuándo masturbarte. Recomiendo encarecidamente leer primero el primer capítulo si todavía no lo has leido.

Además, si prefieres escuchar este relato (como si fuese un JOI) en vez de leer, simplemente pulsa aquí (he subido a la vez la versión escrita y la versión en audio).

Capítulo 2: La bruja despierta

Han pasado más de 20 horas desde que la bruja llegó a la casa. Ella sigue dormida, pero parece estar bien. Su cuerpo ha entrado en calor y respira con normalidad.

Tu no dejas de mirarla en ningún momento, ni siquiera has salido de casa esperando que despierte, aunque cada vez estas más preocupado. Por otro lado, mirarla era hipnótico, ella era hermosa y aunque estaba tapada, habías podido verla desnuda y te habías corrido en su boca, por lo que llevabas horas y horas con tu pene erecto mientras la observabas.

También te apetecía mucho masturbarte, pero cuando lo intentaste la primera vez ella se despertó y casi te descubre, así que lo mejor era no hacerlo, por si acaso. Además, si realmente el semen podía ayudarla, quizás era una buena idea esperar un poco y darle más cuando ella te lo pidiese, aunque ese pensamiento te ponía más cachondo todavía, por lo que se te hacía difícil aguantar. Tu corazón latía con fuerza esperando que aquella bruja despertase y pudiese hacerte feliz de nuevo.

Las horas seguían pasando y ya era la hora de almorzar, así que decidiste preparar algo de carne mientras seguías esperando. Solo te relajaste un momento, pero mientras cocinabas ella abrió los ojos y se incorporó lentamente hasta quedar sentada sobre la cama. Sus pechos volvieron a quedar desnudos, pero a ella no pareció importarle.

- ¿Qué tal estás? – Le dijiste mientras ponías la carne sobre un plato.

- Mucho mejor, muchas gracias por cuidarme. Te recompensaré humano, no te preocupes.

- No hace falta que me compenses. ¿Te apetece comer algo?

-La verdad es que sí.

Tú le acercaste el plato de carne que habías cocinado y ella cogió la carne directamente con las manos.

- ¿Quieres agua?

-Sí. Gracias.

Te levantaste y fuiste a por tu cantimplora mientras ella siguió hablando.

- ¿Cuánto tiempo llevas viviendo aquí?

-Unos 4 años.

-Es decir, desde que las brujas invadimos a los humanos.

Tú le diste la cantimplora y volviste a la cocina para seguir cocinando (también querías comer).

-Si te sirve de algo, yo no participé en el ataque. – Dijo la bruja un poco triste.

- ¿Estabas a favor de los humanos? ¿No querías atacarnos?

-No es eso. En aquel momento yo era menor y no podía participar en la conquista.

Tras aquella respuesta se hizo un silencio. No fue un silencio incomodo, ella simplemente quería seguir comiendo y bebiendo. Pasaron unos minutos y ella volvió a hablar.

- ¿Podrías darme más comida y agua?

-Claro.

La carne que habías cocinado ya estaba lista, así que cogiste otro plato, pusiste la carne encima y dejaste el plato sobre la mesa.

- ¿Tienes fuerzas para comer en la mesa? – Le preguntaste.

-Creo que sí.

La bruja se levantó lentamente y se sentó en la silla para comer. Su piel era pálida y sus pechos se movían con mucha facilidad con cualquier movimiento que ella hacía. Ella seguía desnuda pero no parecía tener frio, la hoguera del interior de la casa creaba un ambiente bastante cálido. Tu cogiste la cantimplora y saliste de la casa para volver a llenarla en el rio. Al volver, la bruja parecía emocionada, sus ojos se mostraban llorosos.

-Eres muy amable humano, nunca había recibido tanta amabilidad. Esta carne y la anterior eran para ti ¿verdad?

-No pasa nada, puedo preparar más. – Le dijiste mientras le acercabas la cantimplora.

-Te prometo que te lo pagaré.

-No hace falta que me pagues nada, la amabilidad funciona así. Tu solo come y descansa.

-Muchas gracias humano. ¿Puedo pedirte algo más?

-Claro.

- ¿Podrías volver a masturbarte y correrte sobre mi comida?

Aquella petición te dejó desconcertado.

- Si no puedes no pasa nada.

- Si puedo, es que me has… sorprendido.

-En el pueblo, los humanos mascota lo hacen siempre. Así la comida sabe mejor y nos da más poder.

Para la bruja, pedir semen sobre la comida era algo normal, aunque a ti seguía sorprendiéndote.

-Entonces… ¿Me masturbo ahora?

-Si fueses tan amable… por favor.

ACCIÓN: Coge un plato y ponlo en una mesa. Ponte en pie, bájate los pantalones y tu ropa interior solo un poco, lo suficiente como para dejar tu pene al descubierto. Después comienza a masturbarte con intención de correrte sobre el plato y sigue leyendo, pero no te corras hasta que otra acción te lo permita.

Aquella situación era extraña. Por un lado, llevabas horas y horas cachondo, aunque por otra parte masturbarte apuntando hacia el plato bajaba un poco tu lívido, así que decidiste masturbarte mirándola directamente a ella y a su cuerpo desnudo.

La bruja cogió la cantimplora y comenzó a beber. Algunas gotas de agua salían de su boca y se arrastraban por todo su cuerpo, pasando entre sus pechos y llegando seguramente hasta su coño, aunque eso ya no podías verlo, solo intuirlo. Después, ella se quedó mirando a tu polla de una forma un tanto extraña.

-¿Estás bien? -Preguntó la bruja.

-Sí.

-No lo parece, estás tardando mucho en correrte.

-Pero si acabo de empezar.

-Supongo que en el pueblo los humanos están hechizados y tardan menos. ¿Cuánto crees que vas a tardar?

-No lo sé. Si me preguntas solo me lo pones más difícil.

La bruja no parecía entender cómo funcionaba la excitación en los hombres.

-¿Puedo hacer algo para ayudarte y que te corras antes?

-Bueno, pues sí, la verdad.

-Dime humano, que quieres.

-¿Puedes masturbarme tu?

-Puedo hacerlo, pero no tengo experiencia, seguro que tú lo haces mejor.

-No importa. Si lo haces tú es mejor.

La bruja no entendía nada, así que volviste a explicarle.

-Si lo haces tú me gustará más.

-Muy bien, voy a intentarlo.

La bruja acercó una de sus manos a tu polla y la agarró con fuerza.

ACCIÓN: Sigue masturbándote como lo estás haciendo, pero apretando un poco más fuerte y moviendo la mano más lentamente. No te corras hasta que otra acción te lo permita.

-Así, muy bien. Intenta apretar un poco menos.

-Vale.

La bruja lo estaba haciendo muy bien y te estabas poniendo muy cachondo. Sus manos eran muy suaves y sus dedos largos y finos, era realmente agradable.

- ¿Puedes hacerlo un poco más rápido?

-Si.

ACCIÓN: Sube el ritmo. No te corras aún.

-Así, así, muy bien. Creo que ya mismo voy a correrme.

- Muy bien, apunta a la comida.

-Tienes que poner mi polla cerca si quieres que caiga encima.

ACCIÓN: Pon tu polla muy cerca del plato. No te corras aún.

-Que complicados sois los humanos. Aunque, en realidad, hacer esto es divertido, es como si tuviese que esforzarme un poco para conseguir una corrida sobre mi plato.

En ese momento dejaste de hablar, la bruja estaba masturbándote muy bien y cada vez estabas más cerca de correrte.

-¿Te queda mucho?

-No… sigue…

Tu sentías que tu orgasmo estaba cerca, pero la bruja estaba cansada y aquella posición era incómoda, así que soltó momentáneamente tu polla para ponerse de pie y colocarse detrás de ti.

-Creo que así puedo hacerlo mejor. – Dijo la bruja en tu oído.

La bruja apoyó sus pechos en tu espalda y puso su cabeza sobre tu hombro, podías sentir su respiración y su pelo plateado haciéndote cosquillas en tu cuello. Con una mano abrazó tu cuerpo y con la otra agarró tu polla. La situación era tan erótica que cuando ella volvió a masturbarte sentiste muchísimo placer.

ACCIÓN: Córrete y no sigas leyendo hasta que no comiences a correrte y eyacular.

Las manos de la bruja hicieron que comenzases a correrte sin parar. La bruja se sorprendió al ver que salía con tanta fuerza.

-¡Está saliendo muchísimo!

Eyaculaste 6 o 7 veces con mucha fuerza, pero la bruja se encargó de que todo cayese sobre el plato. Tras aquella corrida, algunas gotas seguían saliendo lentamente desde la punta de tu pene. La bruja, al verlo, pasó sus dedos por tu polla para recoger esas gotas de semen y después llevárselas directamente a la boca.

-Me sorprende lo rico que está tu semen, creo que es el mejor que he probado, y además ha salido muchísimo.

-Eso es porque me ha gustado como lo hacías.

La bruja se sorprendió con tus palabras.

- ¿De verdad sale más por haberlo hecho yo misma?

-Sí. Los humanos nos excitamos mucho cuando tenemos sexo con alguien que nos gusta.

- ¿Y… yo te gusto?

Solo estabas intentando explicarle a la bruja cómo funcionaba el sexo, pero tus palabras parecieron confundirla.

-Bueno, eres muy guapa y sentir tus manos en mi pene me ha gustado bastante.

-Eres un humano muy peculiar.

La bruja se sentó de nuevo y comenzó a comer, cogiendo la carne de nuevo con sus manos y mordiendo las partes donde había caído tu semen. Ella parecía muy feliz, realmente lo estaba disfrutando. Tú te sentaste en la cama para mirar como ella comía, casi habías olvidado que hace solo unos minutos tenías bastante hambre.

-Oye humano. ¿Puedo quedarme contigo unos días más?

-Eso me encantaría, llevo mucho tiempo solo y contigo creo que me voy a divertir bastante.

La bruja parecía realmente feliz cuando te escuchó decir aquellas palabras.

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Esto es todo por ahora, espero que os haya gustado este segundo capítulo.

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Las brujas del sexo. Capítulo 2. (Relato de fantasía con JOI incluido).

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