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Estuve descansando sobre la moqueta unos minutos cuando escucho que mi novio está volviendo al salón. ¿Cuánto tiempo había pasado?
-Bruno: Ya estoy aquí. ¿Qué tal estas perrita?... ¡Oye! ¡No llevas la cola puesta!
-Yo: Acabo de correrme… y se me ha vuelto a salir.
Él puso los brazos en jarra y miró un poco a su alrededor. Creo que llegó a percibir que había bebido algo de su orina pero su repentina reacción me sorprendió.
-Bruno: Bueno, sígueme, tengo que enseñarte tu regalo principal.
Yo empecé a gatear de nuevo, pensando que seguíamos jugando a ser su perra.
-Bruno: Ponte de pie mejor, vamos a bajar al sótano y no quiero que caigas.
-Yo: A saber que has hecho allí. Te he escuchado haciendo mucho ruido.
Ambos nos dirigimos al sótano y al llegar me llevé una grata sorpresa.
-Yo: ¡Walaaa! ¡Has comprado un columpio sexual!
-Bruno: ¿Qué te parece?
-Yo: Increíble. Muchas gracias cariño. Pero algo no me cuadra. Tú no eres muy manitas y esto parece complicado de instalar. ¿Cómo lo has hecho?
-Bruno: Bueno… eso es otra parte de la sorpresa que no quería revelar todavía. ¿Sabes que este modelo es de los más caros y mejores?
-Yo: Habrá que probarlo ¿no?
-Bruno: ¿Preparada?
-Yo: Vamos.
-Bruno: Espera. Queda una cosa. No te asustes ¿vale?
-Yo: ¿Por qué debería asustarme? A ver que me tienes preparado ahora…
-Bruno: Podéis pasar.
Dos hombres algo desaliñados con monos de trabajo abrieron la puerta del trastero que teníamos en el sótano. La verdad es que me di un buen susto.
-Bruno: Sabía que ibas a asustarte. Jajaja.
-Yo: ¡Que estoy desnuda!
-Bruno: Es parte de tu regalo de cumpleaños. Estos señores nos van a ver follando. ¿Qué te parece?
-Yo: ¿Por qué tienen que ser estos hombres?
-Bruno: Son los que han puesto el columpio.
-Yo: Que vergüenza.
Con un brazo me tapé los pechos como pude y con el otro mi coño.
-Bruno: No te hagas la tonta. Sé que esto te gusta y además prometí humillarte. Venga, enséñales tu cuerpo a estos hombres. Les he pagado para que se queden un rato más.
-Yo: Intenté hacerme la digna pero lentamente bajé los brazos y les mostré mi cuerpo. Intenté analizar a ambos un poco mientras daba una vuelta para que también viesen mi culo. Uno de ellos era mayorcete con barba canosa y el otro era más jovencito, pero en general ambos parecían bien fuertes. Sin darme cuenta ya estaba poniéndome cachonda con lo estaba pasando.
-Trabajador mayor: Vienes bastante mojada.
El señor mayor parecía bastante picarón por su forma de sonreír y mirarme.
-Bruno: La he dejado arriba esperando y no ha podido aguantar más la pobre.
Vaya mentiroso está hecho mi novio. Me molestó su comentario pero como siempre lo hacía para joderme.
-Yo: Bueno, si queréis empezamos. ¿Cómo funciona esto?
La verdad es que a la hora de subirme al columpio, no sabía muy bien cómo hacerlo, parecía algo inestable.
-Trabajador joven: No te preocupes, solo tienes que poner tu culo en el asiento y tu novio puede poner tus piernas en esas cuerdas. Si te sientes inestable puedes agarrarte aquí.
Aquel joven se acercó para explicarnos cómo funcionaba aquello.
-Trabajador joven: En realidad podréis hacerlo de muchas formas, incluso puedes ponerte boca abajo con este columpio. En el librito que viene con el columpio viene todo lo que podéis hacer.
-Yo: ¿Tú también tienes uno?
-Trabajador joven: Sí, pero yo además soy el dueño de la tienda, tengo que saber bien como funciona.
Mientras hablábamos, casi sin darme cuenta, ya estaba subida al columpio con las piernas bien abiertas.
-Trabajador joven: Con esta cuerda podéis ajustar la distancia hasta el suelo, probadlo.
Mi novio empezó a tirar de una cuerda y mi cuerpo empezó a bajar casi hasta el suelo. Después tiró de otra y empecé a subir de nuevo, pero me subió tanto que casi llego hasta el techo.
-Bruno: Me gusta.
-Yo: ¡Bruno! ¡Bájame!
-Trabajador joven: Si a ella le gusta el bondage o el arte shibari, dejarla ahí arriba un rato podría gustarle bastante.
Aquel joven tenía razón, que me tratasen como un objeto que podían dejar allí colgado me estaba poniendo cachonda.
-Bruno: Estupendo. Tal vez otro día lo haremos, por ahora voy a follarmela bien duro.
Bruno empezó a bajarme de nuevo y me puso a una altura perfecta respecto a su cintura. Mientras tanto yo seguía súper abierta y expuesta, era como sentirse indefensa, pero mi coño no paraba de chorrear.
-Trabajador viejo: ¿Podemos masturbarnos mientras os vemos?
-Bruno: Por supuesto.
Mi novio empezó a quitarse quitarse la ropa y en unos segundos pude ver su polla bien dura.
-Trabajador joven: Te veo bastante tensa, lo ideal es que te relajes, deja caer tu cabeza hasta el respaldo del columpio, estarás más cómoda.
Intenté hacer lo que me dijo pero al mirarle a él vi que se había bajado los pantalones para empezar a masturbarse. No solo él, también el otro hombre, y para mi sorpresa… sus pollas eran enormes.
Ojala hubiesen sido pollas mucho más normales, pero ahora quería ver como se masturbaban. Mentira, empezaba a desear jugar con sus pollas. Mientras seguía mirándolos, sin darme cuenta, mi novio me hizo la primera penetración y me sorprendió lo bien que se sintió.
-Bruno: ¡Joder! Esto es muy cómodo.
-Yo: ¡Dios!
Habré follado más de mil veces con mi novio, pero el columpio aportaba algo nuevo y diferente. Fue como si su polla fuese más grande, o mejor dicho, como si hubiese entrado más profundo de lo que solía hacerlo.
-Trabajador joven: El columpio permite que entren uno o dos centímetros más de pene, por eso quizás lo notáis diferente. Pero eso no es todo, cuando empecéis a follar veréis que es muy fácil hacer el mete saca.
Mi novio me cogió de la cintura y empezó a follarme. Me estaba volviendo loca. Era muy diferente. Con muy poco esfuerzo me estaba follando muy rápido y profundo.
-Yo: ¡Ahhhh! ¡Siiii! ¡Joder!
-Bruno: ¡Esto es increíble! Tendríamos que haberlo comprado antes!
-Yo: ¡Ahhhhhhh! ¡Sigueee!
Mi novio podía mover todo mi cuerpo como si estuviese haciéndose una paja. Empezamos a follar a una velocidad a la que nunca antes lo habíamos hecho.
-Bruno: ¡Dios! ¡Creo que me corro! Nunca había aguantado tan poco.
Desde que me penetro por primera vez en el columpio me había olvidado por completo de que nos estaban mirando, solo estaba disfrutando como una perra.
-Yo: ¡Siiiiiii! ¡Ohhhh!
Antes de darme cuenta ya estaba corriéndome y podía sentir como el semen de mi novio salía dentro de mi coño.
-Bruno: ¡Wowww!.... No hemos durado nada. Esto ha sido mejor de lo que pensaba.
Hacía bastante tiempo que no sentía un orgasmo así, me encontraba en una nube (realmente estaba flotando) y me sentía genial, pero entonces uno de los trabajadores habló.
-Trabajador mayor: ¿Puedo follarme yo también a su señora? Es que no he podido correrme todavía.
Bruno pareció despertar del orgasmo y me miró con cara de preocupación, no le había gustado demasiado la proposición de aquel hombre.
-Trabajador joven: Jorge, eso ha estado fuera de lugar. Disculpadme a mí y a Jorge.
-Bruno: No pasa nada. Fui yo quien os invitó a vernos.
-Trabajador mayor: Solo he preguntado, no quería molestaros, perdonadme, pensé que quizás os gustaría la idea.
Fue entonces cuando hablé para decir algo que sorprendió a todos.
-Yo: A mí no me importaría.
Mi novio me miró sorprendido.
-Yo: Tú decides Bruno.
Mi novio se quedó unos segundos pensado que hacer y finalmente habló:
-Bruno: ¿Tenéis condones?
-Trabajador mayor: ¡Sí!
-Bruno: ¿Tu también quieres follartela?
Bruno le preguntaba al trabajador más joven.
-Trabajador joven: Hombre, su señora tiene un cuerpazo, para mí sería un placer.
-Bruno: Bueno, pues esperadme entonces, quiero traer la cámara para grabarlo. ¿Os importa?
-Trabajador joven: A mí no.
-Trabajador mayor: A mí tampoco.
-Bruno: Este cumpleaños está saliendo mejor de lo que imaginaba.
Ese comentario de Bruno me sorprendió. ¡Le gustaba la idea de verme follar con otros!
Mi novio dejó un momento la sala para coger la cámara. Yo seguía colgada y ambos trabajadores empezaron a mirar mi coño. Al parecer el semen de Bruno estaba empezando a salir. No podía evitar volver a sentirme avergonzada.
-Trabajador joven: Eres bastante sumisa por lo que veo.
-Yo: Para nada, los dos somos muy mandones en la cama. Hoy era mi cumpleaños e hicimos una excepción.
-Trabajador joven: Jajaja, no lo entiendo del todo bien pero bueno.
Mientras hablaba el más joven, el mayor se acercó a mi y me puso su polla bien cerca.
-Trabajador mayor: ¿Habías visto alguna vez una polla más gorda que la mía?
Aquel señor tenía razón. No era una polla muy larga, pero era exageradamente gruesa. ¿Cabría eso dentro de mi delicado coño?
-Yo: La verdad es que no.
-Trabajador mayor: ¡Jajajajajaja! Vas a gemir como una loca, ya lo veras. ¡Todas lo hacen!
No pude evitar excitarme con sus palabras.
-Yo: Eso espero.
-Bruno: ¡Ya estoy aquí! ¿Quién de vosotros va a empezar follandose a mi novia entonces?
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Esto es todo por ahora, puedes pulsar aquí para leer el siguiente episodio, pero si este es el más reciente que he escrito entonces no habrá nada nuevo.
raul
2020-09-30 22:42:54 +0000 UTC