Divagando sobre la segunda temporada de The Boys
Added 2020-11-13 17:24:58 +0000 UTCEste texto contiene spoilers de ambas temporadas de The Boys.
En julio de 2017, Donald Trump Jr. publicó un tuit donde se le relacionaba con agencias de inteligencia rusas. Desde la elección de su padre, la colusión entre el partido republicano (o, más específicamente, los afines a Trump) y el Gobierno de Putin era un tema sobre el que se había especulado: la posible manipulación, campañas de propaganda… Negocios todos ellos sobre los que uno no querría que se supiera nada. Pero ahí estaba, directo de la fuente. El periodista Jared Yates Sexton respondió con otro tuit, esta vez con una mezcla de frustración e inseguridad: “He… estado trabajando en esta historia durante un año… y… acaba de… lo acaba de tuitear.”Hace pocos días, o quizá todavía no, porque los Estados Unidos son una distopía y el recuento de votos funciona con sus propias reglas, pero hasta donde yo tengo entendido el mandato de Donald Trump ha terminado. Como quien diría: “ha muerto en la cama”. A pesar de tantas declaraciones racistas, sexistas, homófobas, xenófobas, de tantos bulos, de amenazar con dar un golpe de Estado, el acoso sexual y tanto, tantísimo que se supone debería haber acabado con su carrera presidencial, lo que ha terminado destronándole ha sido el cronómetro llegando a cero.
La primera temporada de The Boys me pareció decente. A pesar de que estoy muy abierto a deconstrucciones y críticas, la premisa de “superhéroes, pero son malvados” no me bastaba. Qué será lo siguiente, ¿Superman pero nacido en la Unión Soviética? ¿Una realidad paralela donde la mayor asociación de superhéroes son villanos? ¿Otra realidad paralela donde resulta que los villanos han ganado y han borrado todo registro de que los superhéroes han existido?
Lo que vengo a decir es que Mark Millar ha explorado y sigue explorando mucho el concepto. Y eso que no soy especialmente fan.

Pero sí, The Boys es algo que me ha entretenido. “Not great, not terrible”, que decían en Chernobyl, veamos qué ocurre a continuación. El giro del compuesto V es interesante, pero su forma de plantear el mundo corporativo y el fango entre bambalinas creo que habría funcionado mejor hace diez años.
Entonces llega la segunda temporada.
Aparece Stormfront. Es demasiado suelta, perfecta, pretendidamente libre. Tiene que tener algo malo, seguro; viste oscuro frente a la claridad de Starlight, se le ve con ese punto edgy cuando viene al rodaje y declara en directo que nadie en el set es miembro de las fuerzas armadas y que todo es postureo. Cuando se quita la careta y mata gente racializada porque puede y no hay nadie mirando, me acuerdo: “¡Stormfront es el nombre de un diario neonazi estadounidense!” Bueno, era, ahora creo que no existe, pero tomaba su nombre del diario nazi Der Sturmer. Todo este tiempo ha estado utilizando dogwhistles y su escena cumbre, al menos para mí, es cuando se revela el pastel: que trabajó con los nazis originales, que Vought es una compañía de raíces nacionalsocialistas y que Patriota es todo lo que ella siempre ha deseado. A poco que uno esté atento, se puede entrever que ese intercambio habla de los orígenes de los Estados Unidos: un país construido sobre los cimientos de la esclavitud y el exterminio del otro. Una nación que ha hecho por su cuenta lo que ha querido con tantos otros países porque se cree en control del mundo entero y que tiene la ventana de Overton tan hacia la derecha que la sanidad pública suena a proyecto socialista.
Isaac Sánchez decía en su análisisque no le gustaba cómo Vought parecía inmune a todo lo que fuera saliendo a la luz: ¿se descubre el compuesto V? Los Siete hacen algo y la gente se olvida. ¿Patriota sale matando civiles a sangre fría en Oriente Medio? Se juntan las bases, se les radicaliza y ya no pasa nada. Coincido con él en mucho de lo que dice, pero al mismo tiempo, esto es algo que me gusta mucho de esta segunda temporada: que, al menos, esta patraña no se la traga. Algo de madurez tiene.

En la primera temporada, el objetivo era sacar a la luz los trapos sucios de Vought. Era intentar eliminar a superhéroes concretos: quita a Los Siete y, quizá, el problema desaparezca. Lo que respeto de la segunda temporada es cómo se esfuerza, ya sea adrede o por accidente, en mostrar que, a día de hoy, en 2020, así no es como funciona el mundo. Vought tiene superhéroes de sobra en la reserva y no para de buscar reemplazos para llenar los huecos de Los Siete. Cuando surge una controversia, cambian su línea, quizá despiden a alguien, y asunto resuelto. Todos hacemos chistes con quién es M. Rajoy, el rey emérito se está dando la buena vida lejos de las consecuencias legales mientras decenas de profesionales se encargan de limpiar su imagen, sabemos que Obama ha participado en guerras ilegales y asesinado a más civiles que terroristas, hemos visto las imágenes de niños latinos separados de sus padres tras ser arrestados por ICE y después transportados a lo que sólo puede describirse como un campo de concentración en los Estados Unidos. El mundo es horrible, y lo sabemos, y nada cambia. Cada día aparece una nueva noticia horrible, respondemos durante una semana y luego se olvida. O se continúa, pero no pasa nada; los disturbios de Portland se alargaron durante semanas a pesar de que la prensa no les diera tanta voz; la CHAZ, en Seattle, es algo que ocurrió hace menos de medio año. Y Donald Trump no ha abandonado la Casa Blanca hasta… Bueno, aún no la ha abandonado, que yo sepa. Las noticias de corrupción vuelan, y hay protestas, pero después el mundo vuelve a la normalidad. Vought continúa haciendo negocios.
Volviendo al análisis de Isaac, él decía que no se lo cree, porque The Boys no es el mundo real. Tantas cosas no lo son, pero precisamente The Boys parte de la premisa de que no es All Star Superman. Son superhéroes bajo contrato, metidos en contratos publicitarios y amparados por estructuras que ocultan su mala praxis. La realidad se acerca a la ficción; hay sangre, sexo, drogas y todo lo que para Spiderman o Green Arrow sería un episodio especial para advertir a la juventud sobre los peligros de la marihuana. No quiero decir con esto que la segunda temporada de The Boys sea brillante. Ni de coña. Para empezar, por mucho que haya defendido que Vought pueda salirse con la suya a pesar de lo que se va descubriendo, para mí la línea está en la escena de las cabezas reventando en el Senado. No me creo que el sol salga igual que siempre a la mañana siguiente; eso es un punto de no retorno.
O, al menos, eso pienso ahora. Veremos qué imposibles se hacen realidad en 2021.
Pero sí que pienso que The Boys, aun con sus aciertos, parece seguir limitada. La temporada termina con el líder de la Iglesia del Colectivo descabezado, y quizá ahí termine todo para esa secta. Espero que no; sería estúpido pensar que las compañías son sus CEO, e igualmente espero que la serie no sea tan inocente como para matar al director ejecutivo de Vought y decir que “colorín, colorado, este cuento se ha acabado”. Disney ha sobrevivido a Walt y Apple está mejor que nunca aun sin Steve Jobs. Y es cierto que, por real que sea, por mucho que aprecie el gesto, sí reduce la tensión de todo lo que ocurre: si da igual lo que se sepa de Vought, todo va a seguir igual, entonces todo da igual. Quiero pensar que la serie dará un paso y dirá que la opinión pública sin acción no basta, pero es posible que me esté adelantando. Si soy demasiado burgués como para tomar acción más allá de escribir este artículo.

La primera temporada de The Boys venía con un rollo edgy: gente manchada de sangre, culos explotando cráneos y otros avatares. Personalmente, eso no me llama. Esta segunda temporada me ha atraído mucho más porque me da algo que no veía en la primera: relevancia. Un mensaje moderno. Un reflejo del mundo de hoy, de los neonazis infiltrados en círculos frikis, de las corporaciones haciendo de todo sin afrontar las consecuencias, de cómo el tardocapitalismo lo devora todo y convierte el feminismo y el movimiento LGBTQ en un producto bien medido. No es el análisis más profundo ni atrevido, pero es un análisis que no estaba antes. Isaac le daba un 9 a la primera temporada y un 3 a la segunda; yo les daría un 5.5 y un 6.5 respectivamente. Su dirección es decente, tiene agujeros en el guion, sus personajes necesitan muchísimo más desarrollo, Butcher me sigue dando pereza, me gustaría que Kimiko fuera más persona y menos mascota.
Pero, al menos, estoy interesado por escuchar lo que tenga que decir.
Comments
Si tan solo, en esta segunda temporada, las tramas no avanzasen a pura conveniencia de guión y los personajes no hicieran cosas contradictorias... Me quedo con el inciso del tipo que le mete un balazo a un dependiente por la paranoia inducida por los mass media. Y el arco cómico de the Deep... Que contrataron a un actor para ponerle voz a sus branquias.
Ivan San Roman Castro
2020-11-17 14:52:15 +0000 UTC