Mi primer cuento ABDL
Added 2020-01-13 00:49:02 +0000 UTC
El anuncio
Ésta es una nueva experiencia para ti. Lo tienes que hacer. En tu mente repasas lo que paso ayer y miras tus manos ¡Increíble! te dices a ti mismo. Das un paso con seguridad. Ahí, justo a un paso de distancia de tu casa, empiezas a flaquear pues sientes como el plástico del pañal separa tus piernas más de lo normal. Sigues caminando y piensas que al doblar la calle hallarás mucha gente. Si alguien te ve, estás arruinado. Tus pies se detienen en seco. Tomas un taxi. Buena decisión. Al sentarte pones una mano en tu mentón y tu mirada en la ventana, tal vez así el chofer no lo note ¿verdad?
—Buenos días. Al Lúa, por favor.
—Claro que sí, joven.
Qué suerte, un taxista callado. O tal vez notó tu ansiedad. Tú te dedicas a lo tuyo, a ver el paisaje: la calle que evitaste está llena de transeúntes curiosos que pudieron haberte visto y descubrir… ¡No! niegas con la cabeza. Buena decisión tomar taxi.
Pasas dos semáforos en verde; creías que iba todo bien pero te dan ganas de orinar. Sientes esa necesidad. Te distraes, tratas de ignorarlo, pasas otro semáforo y otra vez sientes ganas. ¿Lo usarás? Bueno en fin, para eso es ¿no? ¿Y qué pasará si el pañal no aguanta? ¿Qué pasará si tu orina se escurre y mojas tus jeans? No lo creo, los pañales están hechos para eso ¿no?
Haces pipí. Dejas salir toda la orina en un chorro. Empiezas a sentir como se absorbe y el pañal se empieza a calentar. Crece y se abulta. Rayos ¡Ahora sí que se nota! Volteas. Que vergüenza, menos mal que tomé taxi, piensas.
—Servido, joven. Son setenta pesos.
Sacas tu cartera, pagas, te levantas con cuidado y ves que donde estabas sentado dejaste una mancha de liquido. Aprietas los labios. Disimulas. Cierras la puerta y ves como el taxi se aleja. Te paras frente al edificio y sientes el pañal colgado entre tus piernas. Entras.
Con pena de que alguien se de cuenta, preguntas por la habitación 9. La recepcionista susurra detrás de la bocina:
—Lo están esperando, adelante, por favor.
¡Qué bueno que son tan discretos en los moteles!, de otro modo todos verían lo mojado que estás. Caminas con dificultad a la habitación y recuerdas que ayer, al abrir el periódico local, leíste un anuncio pequeñito:
Busco bebé. Interesados
comunicarse al 553-243-33-1
Una parte de ti aun no puede creer que te atrevieras a llamar. Tu rostro se detiene justo frente al número 9 que cuelga de la puerta. Timbras. Se abre la puerta y frente a ti: la niñera más linda que podrías haber deseado. Desde ayer que marcaste sabías que era mujer, por la voz, pero tus nervios no te dejaron imaginar su físico: es alta, de mirada cariñosa y sonrisa amable. Lleva el cabello recogido en una trenza larga.
— ¿Tú eres mi bebé? —ella mira el bulto de tu pantalón— ya veo que sí — te sonríe amablemente y te toma de la mano guiándote dentro del cuarto. Detrás de ti escuchas la puerta cerrase.
—Bueno, parece que tendré que cambiarte, bebé. URGENTE. —ella ve tu trasero mojado— te escurriste —te habla en tono regañón pero sonríe. Creo que eso le gustó, piensas.
Ves como ella coloca un tapete cambiador rosa con un diseño de patos. Te recuesta. Tu espalda se deja caer en la cama mientras ella te guía con cariño en cada movimiento.
¡Qué vergüenza! Estás expuesto. ¿Eres tú o de repente el tiempo pasa más lento?
—Arriba las piernas, lindo —ella quita las cintas de tu pañal. Te lo quita, lo envuelve muy bien y lo tira en el bote. Después, pasa toallitas por tu piel para limpiarte. Están frías. La piel de tu entrepierna se eriza. Ella, sentada junto a ti, espolvorea talco de bebé preparando el área para el nuevo pañal.
—Arriba de nuevo —ahí acostado, tú sólo disfrutas, encuentras muy divertidas las reacciones de la niñera. Ves como ella saca de su bolso un gran pañal blanco. Lo abre con emoción, como si desenvolviera un regalo. Primero, lo coloca con cuidado por debajo de tus nalgas, luego lo pasa por entre tus piernas tratando de que esté centrado, lo ajusta bien a tu cintura y lo cierra con las cintas. Estás protegido de nuevo. Tu entrepierna está abrazada por un cómodo y suave pañal.
— ¡Qué lindo te ves así! Ven acá —ella se acomoda en la cabecera de la cama y te ofrece sus brazos, tú te incorporas y te acercas a ella con cautela. Te acurrucas. Qué cómodo estás. Tus piernas de nuevo abiertas por el bulto del pañal y tu cabeza descansando sobre el brazo de ella. Sus pechos están tan cerca de ti.
— ¿Qué ves, bebé? ¿Quieres tomar una siesta? —de pronto pasa algo que no esperabas. Uno de sus brazos se recorre lentamente hacia su seno. Se descubre— ven — su brazo te levanta hacia ella. Tú dudas un poco ¿Lo harás? ¿Qué esperas entonces? Entreabres tus labios para beber de ella. Éste momento lo es todo.
Estás aquí, tan tranquilo, sientes como ella da ligeras palmadas en tu trasero. El pañal resuena como un arrullo. Cierras los ojos. Ësta es una nueva experiencia para ti.