Día 3
Added 2022-09-21 17:57:03 +0000 UTCDicen que es normal sentirse así.
Pero no sé a qué se refieren ellos cuando dicen: ‘así’.
Me siento exiliada.
Y no es un exilio de guerra,
no es un exilio porque me fueran a matar,
ni por estar amenazada por el estado o mi familia.
No es un exilio bajo condiciones amenazantes,
no está forzado por unas manos violentas.
¿O... quizá sí?
Quizá mi violento espíritu no me deja estar, en un lugar.
Quizá me paso horas llorando porque,
me exilié a mí misma.
Un exilio que no elegí,
sino que fue forzado por tener que salir del útero.
Cuando sales del útero eres lanzada hacia fuera,
hacia un mundo que se traiciona a sí mismo.
Abandonada a su propia responsabilidad de supervivencia
en un mundo que ha perdido sus facultades de supervivencia.
Pregúntale a un vagabundo dónde está su hogar
dónde viven sus anhelos y en qué paredes los encierra.
Aquí en Madrid, yo tengo casa,
pero aún no tengo hogar.
Tengo sueños,
pero no tengo esperanzas.
Tengo soledad.
Palabras e ideas soporíferas, desalentadas y redundantes.
Palabras que intentan encontrarse a sí mismas.
Lo que es igual a nada. Humo, vaho, vapor.
Tengo una soledad que me abraza tras ver el atardecer.
Y quizá, a veces,
no está mal dedicar una pequeña sonrisa
a una desconocida que se cruza en tu paseo.
Porque dedicar una mirada seria se ha convertido en algo tan habitual,
que nos extrañan las sonrisas gratuitas.
No queremos sonrisas gratuitas.
Nos extrañan las sonrisas de una persona desconocida.
Es como si una desconocida se hubiera convertido en una enemiga.
Cuando está tan sola en su encerrado cuerpo,
está tan sola como tú.