A los trece años me encerraba por las noches en la luz de esta pantalla. Me encerraba y me asomaba a un mundo lejano desde la ventana de las redes sociales, las fotografías de otros lugares, las locuras ajenas, las modas y estilos de vida... Deliraba que vivía en mi imaginación todo aquello que ni siquiera conocía. Me pasaba horas de la madrugada ahogándome a propósito en una sensación melancólica, escuchando música triste con sus subtítulos y viendo fotografías antiguas. Mi madre me lo prohíbia pero yo siempre buscaba la forma, aunque acabase en problemas. Cualquier que haya nacido tan solo cinco años antes, tendrá algo tan diferente que contar. Esto fue lo que yo vivía, noche tras noche, hasta los 16, como un bucle al que yo misma regresaba. Me he movido en lugares tan distintos solo para experimentar todo aquella extrañeza. Nunca paraba de exponerme y arriesgarme con todo. A mí no me parecía un riesgo, sino una aventura. Podría contar las miles de cosas que hacía, pero lo más importante eran esas noches de encierro introspectivo. Forzaba la tristeza sin aparentes problemas, la sociedad me atormentaba y yo me rebelaba contra ella sometiéndome a los tragos más ardientes. Quién le diría a esa niña adulta que hoy sigo existiendo, que ella sabe lo que sentimos aunque aún no lo ha vivido, que no desesperase en el intento de acelerar o su ritmo acabará siendo un frenesí ansioso aunque los años pasen... Quién me diría, que sí me quedaban aún más cosas por vivir, que siempre tendré piernas para correr, quién me dirá que siga intentando.
No tendré miedo, de no volver a encerrrarme en esas noches, pues si volviese a hacerlo moriría de angustia. Porque ahora ya vivo en ese estado que construí, lo desmonto y lo describo, y sigue ahí. Ahora sí que tengo recuerdos. Y los que quedan por venir con este viento de oportunidades. Quería escribir el libro de mi vida con catorce años y me frustraba no haberla vivido aún, ser incapaz de hablar de tanto que no ha sucedido y de tanto que consideraba que sucedía y ya no recuerdo... Todo da vueltas y yo soy el planeta más acelerado, quisiera mirar al sol miles de veces más para volver a saber que me quema la vista.