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Hoy vengo a contaros una historia muy triste, ¿vale? Es una historia muy triste, para llorar, pero sé que no vais a llorar, porque es una historia muy triste de hace mucho tiempo, y cuando las historias tristes son de hace mucho tiempo, en vez de dar pena, te dan risa.
Pero sé que no vais a llorar, os vais a reír y no vale reírse ¿vale?
Te hablo a ti Isabella, sé que te vas a reír de mí, pero esta es una historia que me ha pasado.
Tendría- yo no sé, a lo mejor ¿12 años? ¿11? ¿10? No me acuerdo.
Pero sobre esa edad, y es la historia de aquella vez en la que me encerré en el baño del colegio, para comer mi bocadillo sentada en el retrete. Esto no fue por decisión propia obviamente no dije:
"Hola, hoy me apetece comer en el baño del colegio." No, no fue así.
La historia fue de otra manera.
Veréis en España estamos en el colegio por la mañana y por la tarde.
O sea no nos vamos a casa después de comer, no.
Tenemos clase de 9 a 13 por ejemplo y tenemos una pausa para comer de 13 a 15 ¿vale? Para comer y jugar, y después de 15 a 17 tenemos otras dos horas de clase.
Pues bien a la hora de comer tienes dos opciones: la opción 1 que es quedarte en el colegio a comer con tus compañeros y luego jugar el tiempo que sobra, o la opción 2 que es irte a tu casa a comer.
Yo era de las pocas personas que se iba a su casa a comer. La mayoría de niños se quedaban en el colegio, y comían en el comedor del colegio que era lo normal porque los padres normalmente no tienen el tiempo para recogerte o no tienen a una persona que te pueda recoger y te haga la comida y te cuide ¿no?
Pero en mi casa si que teníamos a una persona que nos venía a recoger a mi hermana, y a mí y nos llevaba a casa, comíamos, veíamos la tele- Que es la gran ventaja de ir a comer a casa, podíamos ver la tele y los dibujos de las 2 de la tarde, a las 2 de la tarde había dibujos y después volvíamos al colegio para hacer las dos últimas horas ¿no? Por una parte estaba genial porque comer en casa tenía muchas ventajas ¿no?
Comías comida muy rica, no como la del comedor. La del comedor... no está tan buena.
O sea quién no ha cogido un puñado de comida de la bandeja con una servilleta, y lo he escondido debajo de la servilleta y debajo de la bandeja y la ha tirado a la basura.
Muchos niños a los que no les gusta la comida del comedor. Doy Fe. Yo lo sé, porque las veces que he comido en el comedor lo he hecho y lo han hecho, no soy la única.
La comida del comedor no está muy buena, y luego pues eso, puedo ver la tele ¿no?
Esa es la otra ventaja.
¿Por qué os estoy contando esto? Pues porque el caso es que un día no había nadie que nos llevara a casa a comer ¿vale? No había nadie que nos recogiera, nos llevara en autobús, nos vigilara en casa y nos llevara de vuelta al colegio ¿vale? No había nadie y no éramos lo suficientemente mayores para poder hacer eso en Madrid, porque Madrid no es una ciudad súper segura por la que puedan ir caminando dos niñas de 10 años. No.
Entonces mi madre dijo: Vale, pues hoy vais a comer en el colegio.
Y muchas otras veces hemos tenido un bono ¿vale? Un bono para poder comer en el colegio, pero en este momento todavía no teníamos el bono. Entonces mi madre dijo: Vale pues, os doy bocadillos, os los envuelvo en papel albal, un bocadillo de jamón y queso para ti, y un bocadillo de chorizo para ti, yo que sé, lo que sea ¿no? Bocadillos para comer, así "granditos" pa las niñas.
Nos los dio para comer y nos dijo hale, os quedáis en el colegio, os quedáis en el comedor y coméis que por un día no pasa nada. Pues sí qué pasa, sí que pasaba, sí qué pasó, y me pasó a mi.
Pues resulta que llega la hora de comer llega la 1, muy bien todo, y bajamos todos al comedor.
Y en el comedor pues me siento ¿no? Las mesas eran alargadas, eran unas mesas...
Eran unas mesas que se podían subir y bajar de hecho, unas mesas muy raras.
Y pues estaban todas las mesas bajadas, habían muchos niños, y estaban las mesas y los banquitos ¿no? Entonces todos los niños cogían su bandeja de metal, con su comida, se sentaban y yo me senté con ellos ¿no?
Y entonces con mi vaso de agua, me echo agua y cuando te empiezas a echar agua tú, te aparecen otros cinco vasos de otros cinco niños que te piden: ¿me echas? ¿me echas?
Y tú: echándole agua a todo el mundo en la mesa, y entonces empiezo a beber mi agua, empiezo a comer mi bocadillo, lo desenvuelvo, que estaba ahí con el papel albal, me lo empiezo a comer...
Y se me acerca una profesora.
Llamémosla la profesora "R" porque su nombre empieza por "R", muy original, ya lo sé.
No sé si ya me había dado clase o no, pero la profesora tenía fama de ser mala.
No mala, no es una mala persona, simplemente es que es una persona pues... No muy jovial ¿vale? No está todo el día feliz, contenta, es una persona que está enfadada ¿no? Que está pues... enfurruñada todo el día, no sé, está todo el día con el ceño fruncido.
Así, el ceño fruncido, estaba todo el día de mala ostia, yo no sé qué le pasaba a esa señora.
Pero la señora de la mala ostia, la profesora, daba lengua... Lengua española, se me acerca.
Y me dice: ¿Qué haces aquí? ¿Qué estás comiendo? ¿Se puede saber?
...
¡Ah no! Espera, espera, espera. ¿Qué estoy diciendo? No, no, no, no, no.
Estoy equivocándome de historia.
Eso no me pasó.
Lo que me pasó fue que yo soy gilipollas. Yo soy gilipollas, y entonces no sé, soy la típica niña, era la típica niña que siempre ha sentido la necesidad de validación ¿vale?
Y entonces yo, como una niña estúpida que soy, como estúpida que era, en el pasado.
A veces sigo siéndolo, sigo buscando esa validación, no... Bueno, todos tenemos fallos.
Cualquiera diría que ya habría aprendido la lección, pero no.
Y entonces buscando validación, como siempre, me acerqué a la profesora que estaba al mando del comedor y le dije: mira "R" que hoy no podían recogernos y mi madre nos ha dado este bocadillo para comer hoy aquí en el comedor ,y pues eso ¿no? O sea como que buscando el permiso.
Que me dijera: vale, okay.
Y entonces coge y me dice: No. Pero no, no, no. Eso no se puede hacer.
No sé por qué no se podía hacer, o sea... No sé. Tenía que comprar la comida del comedor no sé
Pero me dijo que no, no sé cómo me dijo que no... Es decir no sé qué palabras dijo, pero me dijo que no, y me quedé muy intimidada, me quedé muy como:
¿En serio? No lo sabía, lo siento. Y antes de que me pusiera a llorar... Que creo que no llore.
No lloré. Pero me sentía muy mal y entonces me fui del comedor y efectivamente dije: Estoy haciendo algo que no se puede hacer. No se puede hacer, me ha dicho "R" que no lo puedo hacer esto. ¿Qué hago? ¿Dónde me como mi bocadillo? Me voy a morir de hambre.
Y entonces me fui al baño del patio.
No había nadie, estaba todo el mundo en el comedor, y me encerré, me puse el pestillo, me encerré. Me senté en el váter, en la taza del váter, en el retrete.
Me desenvolví mi bocadillo y me puse a comerme mi bocadillo así.
A lo mejor se me cayó alguna lagrimilla, no lo sé, fue un momento un poco dramático de mi vida, top 10 traumas.
Y se me ha quedado ahí grabado para siempre: Yo sentada en el retrete del colegio, comiéndome mi bocadillo-
¡Qué me había hecho mi madre con tanto amor! Eso es lo que más me dolía, en plan que me había dicho: ¡No! No puedes comerte el bocadillo de tu madre. Y yo: es el bocadillo de mi madre, ¡me lo ha hecho con amor!
Y... Y bueno. Y entonces pues eso, terminé de comer y creo que luego por la tarde se lo dije a mi madre.
Porque mi hermana comió su bocadillo en el comedor, ahí tan tranquila, tan pancha.
O sea a ella no la dijeron nada, y eso fue porque ella no fue a preguntar, simplemente se sentó, se lo comió y se fue a jugar. Pero yo no, yo soy gilipollas y fui en búsqueda de validación.
En búsqueda de que una profesora me dijera:
"Sí Laura." Y pues eso.
Me fui a casa luego, con mi hermana "Jaja" "Jiji"...
Mamá hoy e comido en el baño del colegio porque no se podía comer el bocadillo en el patio, en el comedor.
Y mi madre flipó, porque claro dijo: Cómo le puede hacer esto una profesora, a una niña de 10 años. Me lo explicas. Por qué no lo entiendo. Eso dijo mi madre. Y entonces mi madre se fue a quejar a la profesora.
Y el resto es historia. No me acuerdo qué pasó, pero mi madre se cabreó mucho.
De hecho, supongo que si le recuerdo la historia... ¿Se acordará? No lo sé, pero yo me acuerdo y eso es suficiente.
No me acordaré de mucho de mi infancia, pero de esa historia me acuerdo.
Dejad en los comentarios si vosotros también tenéis alguna historia traumática, así graciosa. ¿Vale? Que penséis ahora y digáis: qué tiempos aquellos... ¿Vale? O sea que sea traumática pero divertida, que os divierta. Y nada, las leeré.