Capítulo 1: El Mundo, la Realidad, y el Deseo
—¡¡¡¡¡¡¡¡¡Eina-saaaaaaaaaaaaaaaan!!!!!!!!!
—¿Hm?
Eina Tulle, una recepcionista del "Gremio" que gestionaba todas las actividades de la Mazmorra, levantó la vista del libro que sin apretar sostenía en una mano.
Sus largas y puntiagudas orejas se movieron cuando sus ojos esmeralda transparentes se apartaron de las páginas. Su cabello castaño de longitud media brillaba a la luz del sol de la tarde. A pesar de su buena apariencia, no era tan "perfecta" como los demás elfos. Era como si su belleza hubiera estado pegada, pero una esquina sobresalía. El uniforme del gremio, chaqueta y pantalones negro, le quedaba muy bien a su delgada figura.
Conocida como una joven profesional y simpática dentro del gremio, Eina era mitad humana, y mitad Elfo.
Los aventureros solían estar en la Mazmorra a estas horas del día, por lo que Eina había decidido leer para pasar el tiempo. Levantó la cabeza y respondió rápidamente a la voz que la había llamado por su nombre.
<—Regresó sano y salvo hoy...>
¿Cuánto había pasado, dos semanas...?
¿...desde que este chico de ojos brillantes vino a registrarse en el gremio?
Le había tocado convertirse en la asesora e instructora de Mazmorras de este joven de 14 años.
Era un aventurero, un trabajo que cualquier persona, independientemente de su edad o sexo, podía conseguir. Pero mucha gente murió haciéndolo. Todavía era un niño, y odiaba enviarlo a un lugar tan peligroso.
La única razón por la que se preocupaba por la seguridad del chico, Bell Cranell, era que él estaba a su cargo. Ella sonrió, feliz de escuchar su voz y aliviada de que hubiera regresado sano y salvo.
Se apresuró en arreglarse las gafas y acomodarse la ropa antes de que él entrara por la puerta.
—¡¡¡¡¡¡¡EINA-SAAAAAAAAAAAN!!!!!!!
¡¿Alguien cubierto con sangre negra venía a toda velocidad hacia el gremio?!?! ¡¿¡¿Era él?!?!
—¡¡¡¡¡EEEEEKKKKKKKKKK!!!!!!!
—¡¡¡¡Por favor, dime todo lo que sepas de Aiz Wallenstein!!!!
× × ×
—Sabes, Bell-kun, luego de quedar cubierto de sangre, al menos debiste darte una ducha antes de venir aquí...
—Lo siento...
Solo pude bajar la cabeza y escuchar mientras ella hablaba.
Estábamos en una pequeña habitación instalada en el vestíbulo de la sede del Gremio. Sentados en sillas uno frente al otro, habiendo solo una mesa entre nosotros.
Estaba limpio a este punto, pero eso no le impidió hacer un suspiro demasiado dramático.
—¡No puedo creer que hayas caminado por la ciudad como un repugnante desastre! Me hace cuestionar tu cordura.
—S-Sobre eso...
Escuchar a alguien tan hermosa como Eina-san decir algo tan duro de manera tan directa, me afecto muy profundamente. Las lágrimas brotaron de las esquinas de mis ojos.
Eina-san esbozó una dolorosa sonrisa y empujó suavemente mi nariz con su dedo. —Ten cuidado la próxima vez, ¿de acuerdo? — me sugirió, dándome una gran sonrisa. Asentí de arriba abajo lo más rápido que pude.
—Entonces, querías información sobre Aiz Wallenstein, ¿no? ¿Puedo preguntar por qué?
—Bueno, sobre eso...
Le conté todo sobre lo que había sucedido, mi rostro se sonrojaba más con cada palabra.
Empecé por cómo decidí ir desde el segundo piso inferior de la Mazmorra, mi ruta habitual, hasta el quinto inferior.
Y luego sobre cómo me encontré con un Minotauro en el momento en que llegué.
Incluso sobre como pretendí huir y fui acorralado.
Para luego ser salvado de una muerte segura por "Kenki", Aiz Wallenstein.
Finalmente, le conté sobre cómo traté de decirle "gracias" e intenté estirar la mano para estrechar la de ella, pero todo mi cuerpo estaba temblando. De repente me puse tímido y realmente nervioso. Toda la sangre desapareció de mi cara en un abrir y cerrar de ojos. Al final, regrese corriendo a toda velocidad a la sede del Gremio.
Eina-san fue lo suficientemente amable como para prestarme sus oídos, pero su rostro se volvía cada vez más aterrador con cada detalle que especificaba.
—Aaahh, ¿¡¿por qué nunca me escuchas?!? ¡Estás solo, solo, en la Mazmorra! ¡No puedes ir tan profundo de repente sin ninguna preparación! ¿¡¿Cuántas veces te he dicho que los aventureros no deben aventurarse tanto?!?
—S-Sí~...
--<Los aventureros no deben aventurarse tanto>--
Ese era el lema de Eina-san. Puede sonar como una gran contradicción, pero ella realmente estaba diciendo: "Siempre hay que estar bien preparado y poner la seguridad primero".
Parece que los novatos como yo realmente necesitaban tomar sus palabras en serio. Escuché que la mayoría de los aventureros que morian en la Mazmorra también eran novatos.
Nadie podría haber adivinado que me encontraría con un Minotauro de Nivel 2 en el quinto piso inferior de la Mazmorra.
Todo el mundo sabe que los Minotauros solo aparecen en el piso decimoquinto o por debajo. Puedo entender las palabras de Eina ahora: "No sé puede saber que pasará en una Mazmorra".
Pero en serio, si no fuera por esa persona, estaría muerto ahora mismo. Solo pensar en eso envía escalofríos por mi espalda y casi me hace orinar.
Juré por mi alma que nunca olvidaría una palabra más de la boca de Eina-san.
—Me parece que tienes una extraña fantasía sobre la Mazmorra, y esa fue la razón de los eventos de hoy. ¿No es así?
—Ha-ha, ha-ha-haaaaaa...
Sí, tenía razón. Pero si admitiera que me embarqué en una aventura para conocer chicas, ella me golpearía aquí mismo.
Es cierto, en primer lugar, la razón principal por la que quería convertirme en un aventurero, era el objetivo no tan puro de conocer tantas chicas y mujeres hermosas como pudiera, como los héroes en los cuentos de aventuras. Eina-san probablemente lo vio escrito en toda mi cara cuando me registré en el Gremio. Aunque no podía saber lo que pensaba mi corazón, siempre me miró como si estuviera tramando algo.
Pero a partir de hoy, estoy pasando página. Todos esos motivos impuros están desechados. A partir de hoy, iré a la Mazmorra con un propósito más puro.
Todo porque conocí a esa persona.
—Um... Y respecto a la información de Wallenstein-san...
—Bueno, va en contra de las regulaciones del Gremio dar información personal a los aventureros...
Hizo una pausa por un momento antes de decir: —¿Todo lo que puedo decirte es información que ya está disponible? — Ella podría estar ayudándome porque soy un novato, pero la amabilidad de Eina-san era asombrosa.
Nombre completo: Aiz Wallenstein. Ella era la espadachín principal de la <Familia Loki>.
No hay duda de que su habilidad con la espada está a la altura del más fuerte de todos los aventureros. Una vez acabó con una horda de monstruos de Nivel 5 por sí misma, lo que le valió el apodo de "kenki" o princesa de la espada. Algunos llegan tan lejos como para llamarla "senki", que suena como "Dama del combate".
Escuché que los dioses la llaman Aiz "Maji Musou" o "Aiz la incomparable".
Los chicos que intentaron cortejarla fueron rechazados, quedando completamente destrozados.
Recientemente pasó el récord de los mil rechazos.
—Veamos, qué más... Con su increíble cuerpo y fuerza, hay muchas cosas de las que hablar.
—Um... No como aventurera. Me refería a... ¿Qué hace en su tiempo libre? ¿Cuál es su comida favorita? Y también sobre...
Eina parpadeó dos o tres veces. Creo que mi cara estaba en llamas.
—¿Qué? ¿Bell, no me digas que te enamoraste de Wallenstein-san?
—No, no... bueno, un poco... sí...
—Hee-hee, sin embargo, no te culpo. Soy mujer, igual que ella, pero a veces también me congelo cuando la veo.
Eina-san dejó escapar una pequeña risa mientras llevaba una taza de té a sus labios. ¿Cómo puede verse así de elegante tan solo por beber té?
En realidad, Eina-san, quien admiraba a Aiz Wallenstein, también era popular entre los otros aventureros. Ojos como lujosas joyas, con una piel suave, un delicado mentón, y una hermosa nariz. Ella era la definición viva y respirable de la belleza. Hay rumores sobre cuántos hombres persiguen su corazón, pero nadie lo sabe con certeza. ¡Eina-san era mi asesora! ¡Y estamos hablándonos con confianza! ¿Soy un tipo afortunado o qué?
A pesar de ser mitad humana, Eina tiene toda la refinada belleza de un Elfo de sangre pura. No puedo creer lo amable y abierta que era conmigo. Me contó que mucha gente la juzga por su apariencia y no conocen su verdadera personalidad.
Eina-san miró un poco hacia abajo después de decir eso, pero me dijo que nunca había oído hablar de nadie que saliera con Wallenstein-san.
*Gesto de victoria* ¡Demonios sí!
—Realmente no sé sobre sus pasatiempos ni nada de eso... ¡E-E-Espera! ¡Este es un lugar de trabajo! ¡Estas preguntas no tienen nada que ver con tu trabajo! ¡No soy una experta en el amor!
—¿P-Pero podrías intentarlo, por favor?
—NO. A menos que tengas algo más que discutir sobre tu trabajo, ¡ve a casa ya!
Se puso pie e hizo que saliera de la habitación. No tenía ningún sentido intentar quedarse ahí más tiempo. Me acompañó al vestíbulo del Gremio.
El vestíbulo era un poco decepcionante a pesar de que estaba hecho de mármol blanco. Pero todas las imágenes de aventureros famosos y varios dioses en las paredes me daban la sensación de ser parte de algo grande.
—Ahh, Eina-san, eso significa que...
—Sabes, eres un aventurero. Hay muchas otras cosas en las que deberías estar pensando, ¿verdad?
—Mmm...
Sí, lo sabía.
La única opción para las personas que no tienen a nadie que las apoye y proteja, como yo, era trabajar duro en la Mazmorra para ganar suficiente dinero y ver el mañana. Y aparte de eso, si no conocía mi contrato tanto por dentro como por fuera, estaría en el arroyo sin un remo. El dinero siempre era escaso.
Además, habia alguien... no, una diosa, a quien necesito apoyar. No tenia tiempo para dejarme atrapar por mis sentimientos hacia Wallenstein-san.
—Ya obtuviste la <Gracia> de un Dios que no es Loki-sama, ¿verdad? Tener una relación con alguien de una <Familia> diferente sería difícil, por no decir algo peor.
—...Sí
—No quiero decir que te rindas, pero hay que afrontar los hechos. De lo contrario, esto solo será un problema para ti.
Que me concentre en ser un Aventurero por ahora; eso tiene que ser lo que ella estaba tratando de decir.
Pero en serio, se sintió como una sentencia de muerte cuando mencionó la <Familia>.
Eina-san debió haber notado que el deseo de vivir desaparecía de mi rostro, y decidió intentar sacarme eso de la cabeza volviendo al asunto.
—¿Irás a conseguir algo de dinero?
—...Bueno sí. Derroté a algunos monstruos antes de encontrarme con el Minotauro, al menos es algo.
—Entonces, vayamos al <Exchange>. Te acompaño.
Ahora me siento mal porque ella está alejándose de sus deberes por mí. Claro, la izquierda y la derecha no me parecen tan diferentes en este momento, pero ella ya ha hecho mucho.
Todavía me sentía bien hablando con ella, pero no había forma de que pudiera mirarla a los ojos después de lo de hoy.
El <Exchange> estaba dentro de la propia sede. Fuimos allí y recogí mi recompensa de hoy.
Cambié algunos fragmentos de piedra mágica que obtuve por matar principalmente a Goblins y Kobolds. Todo salió unos 1.200 varis de dinero. Menos de lo habitual, pero considerando que hui de Wallenstein-san, no pasé tanto tiempo como de costumbre en la Mazmorra.
Veamos... Reparaciones de armas, comida para mí y la de Kami-sama... No habrian artículos nuevos para mí hoy...
—¿Bell-kun?
—Ah, sí. ¿Qué pasa?
Eina-san había caminado conmigo casi por la puerta, pero se detuvo justo antes de salir del cuartel general.
Parece que tenia algo en mente y luego lo dijo:
—A las chicas les gustan los hombres fuertes y en los que se puede confiar. Entonces, si trabajas duro, te haces más fuerte, entonces tal vez, posiblemente... ¿Cierto?
—...
—¿Quizás si te haces de un nombre, Wallenstein-san podría notarlo?
Me detuve y medité esas palabras por un momento. ¿Eina, la asesora que siempre me miraba con menosprecio, acaba de decir eso? Ella estaba tratando de animarme como a cualquier amigo, no como una oficial del Gremio. Oh, sí, esa era una sonrisa creciendo en mi rostro.
La energía y la esperanza fluyeron cuando salí a la calle. Simplemente porque tenía ganas, giré sobre mis talones y grité:
—¡Eina-san! ¡¡¡¡¡¡¡Te amo!!!!!!!
—... ¿¡Eh!?
—¡¡¡¡Gracias!!!!
El rostro rojo brillante de Eina me hizo sonreír mientras salía a las concurridas calles de la ciudad.
La Ciudad Laberinto, Orario.
Hay un laberinto conocido como Mazmorra debajo de la ciudad. Se podría decir mejor que la enorme ciudad se construyó sobre ella.
El Gremio supervisaba a todos los que iban por debajo de la superficie en el centro de la ciudad. Tampoco eran solo humanos; habian muchos tipos de demi-humanos que vivian junto a nosotros en esta floreciente metrópolis.
Eso era todo lo que sabía sobre Orario. Los libros y el estudio nunca habian sido lo mío. Sabia mucho de la ciudad porque vivia aquí.
Las personas que se ganaban la vida en la Mazmorra se llamaban "Aventureros", como yo.
Crecí en un pequeño pueblo no muy lejos de aquí. Viendo hacia atrás, era un niño que no sabía nada sobre el mundo. Mi abuelo me había criado, pero falleció hace aproximadamente un año. No quedaba nada para mí allí, así que empaqué el dinero que aún había y me mudé a la ciudad.
No creo que tenga que decirlo en este momento, pero vine a Orario para conocer chicas en la Mazmorra.
<—¡Los hombres de verdad no pueden evitar desear un harén!>
¿Cuántas veces dijo eso el abuelo? Todavía recuerdo su sonrisa, tan llena de vida.
El abuelo me leyó cuentos de aventuras desde que tengo memoria. Amaba a los héroes de esas historias. Mataban a los monstruos, salvaban a la gente de una muerte segura, rescataban a la princesa de cualquier cosa y lucían increíbles mientras lo hacían. Cada vez que escuchaba al abuelo contarme esas historias, me veía a mí mismo como el héroe. Mi cabeza estaba llena de sueños de ser uno de ellos.
El abuelo me contó la mejor parte de ser el héroe.
<—El mayor sabor de gloria del héroe no es matar a los monstruos; es conocer a las chicas.>
No pasó mucho tiempo para que las visiones de chicas lindas a mi lado después de una peligrosa aventura saturaran mi cerebro. El abuelo me enseñó a ser "un hombre de hombres". Estaba bien encaminado.
A medida que fui creciendo, parte de mí aceptó el hecho de que nunca me convertiría en el héroe de los cuentos, pero, por otro lado, el abuelo me ayudó tanto que las chicas se convirtieron en mi nuevo objetivo.
El libro por el que juró, su Biblia por así decirlo, fue el Dungeon Oratoria. Estaba lleno de historias sobre varios héroes y sus aventuras. Creo que me compré su entusiasmo.
Si puedo estar en un lugar donde se hacen las historias de los héroes... Si puedo llegar a Orario... Si puedo entrar en la Mazmorra...
Si pudiera hacer eso, la chica de mis sueños aparecería cualquier día.
Mi abuelo se fue, pero la determinación que dejó atrás me empujó hacia la puerta, hasta Orario y la Mazmorra.
Admito que estaba improvisando cuando llegué aquí por primera vez. Pero ahora, después de un roce con la muerte, me siento realmente estúpido por ir a la Mazmorra solo por las chicas. Probablemente soy el único idiota que entró por eso. Bueno, estoy bastante seguro de que los aventureros que buscan dinero y fama son básicamente los mismos que yo, tal vez.
Hoy me di cuenta de que vivir era difícil.
Nunca volveré a tomar a la Mazmorra tan a la ligera.
Pero ahora tengo razones completamente diferentes para entrar allí... incluyendo a Wallenstein-san.
Me metí entre la multitud multirracial de la Calle Principal.
Enanos, Gnomos, Hombres bestia, Hobbits… Algunos parecían ciudadanos normales y otros parecían mucho más peligrosos. Un chico de campo humano como yo estaba tan fuera de lugar aquí. Incluso en esta multitud, todo parecía tan nuevo e interesante. El ruido constante de la ciudad era tan estimulante, aunque otros se quejaban de que era demasiado fuerte. ¡Nunca me cansaré de esta ciudad!
Me abrí camino entre la multitud, vislumbrando a algunas Elfos realmente lindas y majestuosas en el camino.
Ahí estaba la calle que buscaba. Me alejé de la multitud, salí de la Calle Principal y entré en una calle secundaria más pequeña. Hay tantos giros y vueltas aquí que me sorprende que no me haya perdido más a menudo.
A medida que el ruido de la Calle Principal se desvanecía, llegué a un callejón sin salida.
—...
Ya en el callejón, estiré el cuello hacia atrás para observar una iglesia vieja y ruinosa. No creo que nadie haya estado aquí en años.
Pensar que este edificio de dos pisos fue construido para ser un lugar de adoración a los Dioses. Ahora no era mucho más que la ruina. Faltan trozos de paredes. Bueno, en realidad, están amontonados en el suelo donde cayeron. Hay un toque de tristeza en este lugar, lo que quedó de la gente que dejó de venir aquí hace quién sabe cuántos años.
La estatua de una Diosa me sonreía desde arriba de la puerta principal de la iglesia. Ella ha visto mejores días. Le faltaba la mitad de su rostro y los trozos de roca de su cuerpo habían desaparecido. He visto queso suizo más completo.
—¡Okey!
Realmente no había necesidad de verificar, pero quería asegurarme de estar solo antes de entrar a la iglesia. No había puertas en la entrada principal, no había mucho por seguridad. Por otra parte, el interior no era mucho mejor que el exterior.
De hecho, el interior parecía medio destruido. Cuando entré, mi pie aterrizó en una maleza que crecía en el piso de baldosas rotas. Los pedazos del techo habían desaparecido o estaban a punto de caer. Por el lado positivo, esto dejaba entrar un poco de luz solar. Los rayos del sol iluminaban lo que quedaba de un altar en la parte trasera de la iglesia.
Me abrí paso entre los restos en mi camino habitual, dirigiéndome hacia una pequeña habitación detrás del altar. Alguna vez fue una sala de almacenamiento y todavía está llena de estantes vacíos. Pero el estante en la esquina del fondo era en realidad una puerta a una escalera. Lo retiré y bajé.
La escalera no era tan larga y todavía había algo de luz que se colaba desde afuera. No tuve problemas para abrir la puerta.
—¡Kami-sama! ¡Ya regresé!
Cuando mi voz resonó en las paredes del sótano, el olor a hogar entró en mi nariz. La habitación era pequeña, pero lo suficientemente grande como para vivir cómodamente.
La persona a la que llamé estaba tumbada en un sofá morado junto a la puerta. Ella levantó la vista de su libro y se puso de pie de un salto.
Con solo mirarla, probablemente pensarías que era una niña a punto de llegar a la pubertad. Dado que ella era un poco más baja que yo, muchas personas nos podrían confundir como hermanos con solo un año de diferencia.
Sus pies golpearon rápidamente el suelo mientras corría hacia mí con una gran sonrisa en su rostro de niña.
—¡Hyaaaa! ¡Bienvenido a casa Bell-kun! ¿No llegas un poco temprano hoy?
—Bueno, casi me matan en la Mazmorra...
—¿Q-Qué? ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¡Sería terrible para mí que te murieras! Me sentiría muy sola y triste.
Sus pequeñas manos bailaban arriba y abajo de mi cuerpo, buscando heridas.
No pude evitar sonrojarme un poco. Su tono amable y sus palabras siempre me animaban.
—Estoy bien, Kami-sama. Soy el único miembro de la <Familia Hestia>. No te dejaría sola e indefensa en el mundo.
—¡Muy bien dicho! ¡Te creeré, así que más vale que no me decepciones!
—Esa es una forma interesante de decirlo...
Ambos esbozamos una sonrisa y caminamos hacia el fondo de la habitación.
El espacio que compartimos tenía una parte cuadrada y una parte larga; tenía la forma de una P bajo tierra. La entrada estaba en la plaza, la puerta en el medio de la pared frontal y dos sofás uno frente al otro contra las otras dos paredes opuestas. Nos sentamos en nuestros propios sofás.
La chica sentada frente a mí era, sin duda, hermosa. Su brillante cabello negro azabache caía a los lados de su cabeza para cubrir sus orejas, pero también era lo suficientemente largo como para atarlo en dos largas coletas que le llegaban hasta la cintura. Dos cintas con cascabeles plateados los mantenían unidos. Su redondo rostro y sus mejillas la hacían parecer muy joven, por eso no podía creer lo mucho que sus senos levantaban su ropa. ¡Intenté no mirarlos, enserio! Era difícil no hacerl...
Agrega sus ojos azul claro, en forma de orbe, y tendrá un aura como la de un personaje de cuento de hadas que cobró vida.
Aunque según los estándares habituales se convertiría en una bomba absoluta en unos pocos años, no creo que su apariencia cambie tanto.
Después de todo, ella era una Diosa. La llamo así por una razón.
Ella era diferente a nosotros, los humanos, los semihumanos o los monstruos que aparecen en la Mazmorra. Ella venía de otro plano, <Deusdia>. Ella no envejecería ni cambiaría mucho como nosotros. Muy por encima de los humanos, era incluso más influyente que cualquiera de los héroes que yo idolatraba en su día.
—Apuesto a que hoy no has recibido mucho dinero, ¿verdad?
—No, no tanto como de costumbre. ¿Qué hay de ti, Kami-sama?
—¡Je-je! ¡Mira esto! ¡Ta-da!
—¡¿E-Esos son?!
—¡Sí! ¡Lo hice tan bien en la tienda hoy que obtuve estos bocadillos de papa gratis! ¡¡Noche de fiesta!! Bell-kun, no te dejaré dormir esta noche, en absoluto.
—¡Wooou! ¡Buen trabajo, Kami-sama!
Esta influyente Diosa trabajaba a tiempo parcial en una tienda de propiedad humana en Orario. Si no lo hiciera, por supuesto, no podríamos sobrevivir.
Hace mucho tiempo, los < Dioses> descendieron a nuestro mundo. Lo llamaban <Gekai>, o "Mundo Inferior". Hay muchos mitos y leyendas que explicaban el por qué y el cómo, pero según Kami-sama, los Dioses simplemente estaban aburridos allí.
Se encontraban en su Mundo Superior, <Tenkai>, sin hacer mucho por la eternidad. Los Dioses tenían todo el tiempo del mundo, pero sin nada que hacer. Entonces comenzaron a vernos desperdiciar tanto de ello, pero también hacer tantas cosas interesantes como la cultura y los negocios. Los “niños”, básicamente nosotros, se convirtieron en el mejor entretenimiento disponible.
<—Estaremos entre los niños, en la misma posición, con las mismas habilidades. Para ver las cosas desde su perspectiva.>
Podían ser seres perfectos, pero tenían sus defectos. Tendrían que tenerlo, porque estaban lo suficientemente interesados en nuestro mundo como para venir aquí.
La emoción de un mundo nuevo con los niños atrajo a muchos Dioses hacia el Gekai. Querían experimentar cosas como fenómenos que no podían prever, un deseo por la comida, los pasatiempos, las bellas artes y los indefinibles lazos de amistad que los niños tenían todos los días.
Sonrieron, o eso me contaron.
Los Dioses sentían que estaban jugando un juego y lo disfrutaban plenamente porque era imposible predecir lo que sucedería.
No pasó mucho tiempo antes de que los Dioses vivieran en Gekai. Muchos de ellos decidieron vivir aquí de forma permanente.
En cuanto a nuestros antepasados que vivieron aquí primero, no rechazaron a los Dioses cuando llegaron. ¿Por qué lo harían? Reverenciaban a los Dioses porque podían recibir su <Gracia>. Para decirlo de otra manera: tú me cubres la espalda y yo cubro la tuya. Era evidente que esa relación continua hasta hoy.
Ahora viven entre nosotros. Vivimos y trabajamos codo con codo, ayudándonos unos a otros.
Estos Dioses abandonaron sus aislados y limitados estilos de vida para vivir en nuestro inoportuno mundo.
—Mucha gente camina por la ciudad con el aspecto de un personaje mascota. Son lindos y todo, pero nunca puedo encontrar uno que quiera unirse a mi <Familia>. ¡Todos los aceptables van tras el dinero! Si tan solo más personas supieran el nombre de Hestia...
—No estoy muy seguro. Originalmente, consigues la misma <Gracia> sin importar a que Dios sirvas...
Vivo con la Diosa <Hestia>. Supongo que los otros Dioses también tienen un nombre como nosotros.
Una <Familia> era básicamente un grupo formado por un Dios. Por ejemplo, la <Familia Loki> era la facción formada por la Diosa Loki, y la <Familia Hestia> por Hestia. Por supuesto, había algunas personas que también lo llaman Facción Loki o Facción Hestia.
Personalmente, creo que unirse a una <Familia> equivalía a ser un miembro de la familia de ese Dios.
Mientras los Dioses estuvieran en el Gekai, no podrían usar sus poderes divinos, llamados <Arkanum>. Era una regla que ellos se impusieron poco después de llegar. Sin <Arkanum>, necesitaban nuestra comida y dinero para sobrevivir.
Si bien he oído hablar de algunos Dioses a los que les gustaba trabajar, la mayoría de los Dioses vinieron aquí para divertirse. Por lo tanto, confiaron en nosotros, los "niños", para ganar dinero mientras ellos hicieran lo que quisieran.
Una persona recibe una <Gracia> cuando se une a una <Familia>.
A cambio, usan dicho poder para ganar dinero.
Para ser franco, los miembros de una <Familia> mantienen a su Dios.
Pero no podemos discutir los beneficios de recibir una <Gracia>. Cualquiera que obtenga ello puede volverse lo suficientemente fuerte como para derrotar incluso a los monstruos más feroces.
Hestia-sama, la Diosa sentada frente a mí, lo llamaba <Intercambio Equivalente>.
—Bell-kun, realmente me siento mal por hacer que trabajes solo para mantenerme.
—No te preocupes, estoy bien. Además, Kami-sama también has estado trabajando duro, ¿no?
Algunas <Familias> son muy grandes con cientos de miembros, y algunas son muy pequeñas, como la nuestra.
En estas circunstancias, incluso los propios Dioses deben encontrar trabajo... como Hestia-sama. No hay tiempo ni oportunidad para que puedan hacer lo que aman; primero tienen que centrarse en ganar dinero.
Claro, pueden hacer lo que quieran para ganar dinero. Pero me alegra saber que los Dioses que viven en nuestra sociedad tienen los mismos problemas que yo. Me siento, no sé, más cerca de ellos de alguna manera.
Bueno, hay algunos Dioses que convierten a su <Familia> en una especie de monarquía con ellos mismos en la cima. Lo llaman <El Juego del Reino> o algo así.
Pero incluso eso era construido y administrado por personas. Por lo tanto, los Dioses deben seguir nuestras reglas. Hay quienes dicen que los Dioses están manipulando nuestra sociedad al comportarse de esta manera, pero el hecho de que un Dios haya podido crear un <Reino> era solo porque un grupo de personas lo quería.
Si bien los Dioses vigilaban lo que hiciéramos, al final, no tenían forma de darle a nadie una ventaja sobre la competencia.
—... Lamento haberte obligado a unirte a la <Familia> de una Diosa tan inútil...
—K-Kami-sama, eso...
La observé retirarse al sofá. Mi voz sonó patética incluso para mis propios oídos.
Conocí a Hestia-sama mientras recorría Orario tratando de unirme a una <Familia>. Acababa de llegar y necesitaba una <Gracia> antes de convertirme en un aventurero.
Las famosas <Familias> siempre tienen personas que intentan unirse a sus filas ya completas. Entonces, las personas con habilidades que beneficiarían al grupo tienen la primera prioridad. Los novatos del campo como yo son pasados por alto. No solo me mostraron la puerta, me la cerraron en la cara un par de veces.
Creo que Kami-sama pudo ver eso en mis ojos cuando nos cruzamos. Como si yo fuera un cachorro perdido y ella me llevara a casa.
Hestia-sama llegó al Gekai hace relativamente poco tiempo y se estaba quedando en la <Familia> de su amiga, también una Diosa, antes de conocerme. Me dijo que pasaba todos los días haciendo lo que amaba, leyendo nuestros libros. Su amiga finalmente se enojó y la echó. Pero ella no fue insensible; su amiga le encontró esta habitación debajo de la iglesia.
Pero enserio, no hay ninguna diferencia esencial entre la <Gracia> de un Dios. Eso era un hecho.
Todos los que reciben una <Gracia> parten del mismo punto. En cuanto a cómo crecen, bueno, eso depende completamente de ellos.
Al final, las <Familias> son juzgadas por las habilidades de sus miembros, al igual que en cualquier tienda o país. Una <Familia> no era fuerte, ni débil, debido a su Dios
—¡Está bien, Kami-sama! Nuestra <Familia> acaba de formarse. Mejor aún, ¡está en desarrollo! Claro, puede ser difícil ahora, pero tan pronto como pasemos esta primera parte, ¡tendremos una vida más sencilla! En cuanto tengamos algo de dinero ahorrado, ¡la gente hará cola para unirse a nosotros!
—Bell-kun... ¡Tú...!
*Shoosh*. Ella se puso de pie. Sus ojos se llenaron de esperanza y felicidad mientras me miraba. Pero todo lo que acababa de decir, palabra por palabra, vino de Eina, no de mí. Eso dolió un poco, justo en la conciencia.
Pero Kami-sama estaba feliz. Eso era todo lo que importaba.
Ella fue la que me tomó de la mano, a un chico de campo que soñaba con un harén (y esas cosas) y que casi terminó aplastado por ello, y me animó. Ella era muy importante para mí.
Quiero ayudarla en todo lo que pueda.
Esa fue la primera promesa que me hice a mí mismo. Quería ayudarla cuando nos conocimos, y eso no va a cambiar.
—¡Gracias!¡Tuve tanta suerte de haberte conocido! ¡Ahora, para nuestro futuro, actualizaré tu estado!
—¡Sí, Kami-sama!
La Diosa pateó sus piernas mientras saltó del sofá. Sus senos increíblemente grandes se agitaron mientras se movía. Vi el rebote, sí, pero aparté la mirada. Y ahora también estaba sonriendo de nuevo. Realmente tengo que esforzarme más para mantener mis ojos fuera de su pecho.
Otros Dioses la llamaban la <Loli-Tetona>, burlándose de su busto de otro mundo. Pero, ¿qué diablos significaba "Loli"?
—¡Muy bien, quítate la camisa y vete a la cama como de costumbre!
—Entendido.
Caminé hacia la cama mientras desabrochaba mi armadura ligera de aventurero y me quité la camisa. Miré por encima del hombro en el espejo de cuerpo entero al final de la habitación.
Mi reflejo sin camisa, de piel pálida y cabello tan blanco como el de mi abuelo me devolvía la mirada. Lo que realmente se destacaba era un grupo de marcas negras en la parte baja de mi espalda.
Todos ellos fueron grabados en mi piel por Kami-sama. Dijo que se llamaba <Falna> y era la marca de <Gracia> de un Dios.
—Acuéstate, acuéstate.
Hice lo que me dijo y me arrastré hasta la cama.
Tan pronto como mi estómago golpeó las sábanas, la Diosa saltó encima de mí y usó mi cintura como su propia silla personal.
—Por cierto, dijiste antes que casi mueres hoy. ¿Qué pasó?
—Es una larga historia, pero...
Ella frotó mi espalda mientras hablaba. Pasar por el mismo lugar una, dos, muchas veces, relajaba mi piel.
Ping… La Diosa sacó una aguja larga.
Miro por encima del hombro a tiempo de verla pincharse el dedo con él. Una gota de su sangre cae sobre mi espalda.
La gota roja literalmente enviaba ondas a través de mi cuerpo mientras se hundía.
—¿Fuiste a los niveles más profundos de la Mazmorra… para conocer chicas? ¿Qué extrañas fantasías pasan por tu cabeza? No hay forma de que la virgen ideal que tienes en mente esté en un lugar tan peligroso, ¿no?
—¿¿¿V-Virgen??? ¡P-Pero, de todos modos, no es que eso sea lo que quiero! ¡Tengo principios! ¿Sabías que una Elfo ni siquiera tocaría a alguien que no cumpliera con sus estándares?
—No hay necesidad de preocuparse. Sí, sé lo de las Elfos. Pero también hay grupos como las Amazonas. Quieren tanto tener hijos fuertes que las mujeres se entregan a los hombres solo por su fuerza. Creo que con el tiempo saldrás lastimado, eso es todo.
—...Si.
Ella me observó con una mirada omnisciente después de mencionar eso. Por su parte, Kami-sama comenzó a sobar el lugar de mi espalda donde había caído la sangre, bajando lentamente desde la izquierda. Ella cambió las marcas.
Estas marcas en mi espalda eran mi <Estado>, mi <Falna>.
Las habilidades de una persona aumentaban cuando se usaba la sangre de un Dios para escribir el texto sagrado en su cuerpo. Solo los Dioses tenían este poder.
También había una cosa llamada <excelia>. En pocas palabras, la <excelia> era experiencia.
Por supuesto, no era algo que los "niños" pudieran ver o usar de ninguna manera. Pero decía qué camino había recorrido un individuo hasta ese punto. Los Dioses podían leer la historia de una persona con la <excelia>. Ellos sabrían, por ejemplo, si por algún milagro acabaste con un monstruo. La <excelia> también impulsaba el crecimiento de una persona a través de una <Gracia>.
Todo lo que habías logrado, tanto la calidad como la cantidad, se mostraban en la <excelia>.
Los Dioses podían ver lo que habías hecho, la historia de tu vida. Algo así como un gran cartel que dijera: <He completado hazañas tan difíciles como: matar a un monstruo, etc.> Parece algo que harían nuestros antepasados, si me preguntas.
Los Dioses actualizaban el texto sagrado en la espalda de los miembros de su <Familia> para que coincidieran con la <excelia> de esa persona. Para decirlo de otra manera: ¡subías de nivel!
Los Dioses usaban este poder para fortalecer a sus "hijos".
—También esta esa tal Aiz Wallenstein. Si realmente es tan bonita e increíblemente poderosa, los demás hombres no la pasarán por alto. Seguro que ya tiene enganchado a uno o dos.
—¿De verdad piensas eso...?
—Sip. Escucha, Bell-kun. Lo que te sucedió fue un flechazo; lo superarás. Debes seguir adelante y concentrarte más en las chicas que te rodean. Estoy cien por ciento segura de que hay una hermosa chica que te aceptará, abrazará y apoyará en tu vida ahora mismo.
Genial, ahora estoy llorando de nuevo. No quería pensar en eso. Y Kami-sama comenzó a criticar a Wallenstein-san. ¿Por qué está de tan mal humor? ¿Acaso pisé una mina o algo así?
Ella continuó diciendo "alguien más cercano a ti", pero no hay otras mujeres, en mi vida, más que ella y Eina-san en este momento. Eina-san era mi asesora. De ninguna manera ella estaría interesada en mí. Y luego estaría Kami-sama... Sí, claro. ¡Nos conocemos desde hace dos semanas! Y ella era una Diosa.
Kami-sama, la vida no era tan sencilla. Eina también me lo había dicho.
—Además, como es de la <Familia Loki>, nunca podrías casarte con esa Wallen-loquesea de todos modos.
—...
El golpe final, directo al corazón.
La gente casi siempre se casaba con alguien del sexo opuesto que pertenecía a la misma <Familia>, o que no pertenecía a ninguna. Si dos personas de diferentes Familias se casaban, ¿a qué grupo pertenecerían los niños?
Asimismo, había otras razones, pero lo más importante era que se interponían muchos problemas en el camino, de forma que las personas evitaban las relaciones entre Familias. Luego también estaban los propios Dioses. Puede que hayan venido aquí para divertirse, pero se toman muy en serio a sus Familias.
Además, no todos los Dioses eran amigos. Si dos de ellos estaban peleados, los miembros de sus Familias se convertían instantáneamente en enemigos. Los miembros de cada <Familia> no querían poner en peligro a sus aliados.
Eina ya me lo había dicho. Sería difícil para mí, el único miembro de la <Familia Hestia>, tener una relación con Wallenstein-san, miembro de la <Familia Loki>.
—¡Todo listo! Y olvídate de esa chica y mantén los ojos abiertos. ¡Encontrarás a alguien siempre que sigas buscando más cerca de casa!
—Que mala eres, Kami-sama...
No, no me voy a rendir. ¡No puedo rendirme sin siquiera haberlo intentarlo!
Nos acabamos de conocer. No hay manera de saber lo que sucederá
Salí de la cama y me puse la ropa mientras trataba de recuperar mi confianza. Kami-sama tomó un papel para escribir mi nuevo estado. No podía leer el texto sagrado; nadie podía. Fue por ello que los Dioses aprendieron un poco de nuestro lenguaje escrito para ayudarnos.
Incluso si pudiera leer el texto sagrado, está en mi espalda. ¿Quién podría leer algo escrito allí?
—Ahora, mira. Tu nuevo estado.
Tomé el papel de su mano ligeramente extendida.
Bell Cranell
Lv. 1
Fuerza: I-77 → I-82 Resistencia: I-13 Destreza: I-93 → I-96
Agilidad: H-148 → H-172 Magia: I-0
<Magia>
[]
<Habilidad>
[]
Este era el <Falna> grabado en mi espalda, mi estado.
Hay cinco habilidades básicas: Fuerza, Resistencia, Destreza, Agilidad y Magia. Cada habilidad tenía uno de diez rangos (S, A, B, C, D, E, F, G, H e I) dentro de cada nivel. El “S” era el más fuerte.
Y yo estaría entre los más débiles... El número al lado del rango mostraba nuestro nivel de habilidad exacto: 0 a 99 era el rango I, 100 a 199 era H, y así sucesivamente. 999 era el máximo absoluto. Se hacía más difícil conseguir puntos a medida que nos hacíamos más fuertes, o eso me contaron.
El Nivel era la estadística más importante de un estado. Cada una de las habilidades básicas recibía un gran impulso cuando se subía de Nivel. No sería tan exagerado decir que una persona mejoraba física y mentalmente cuando subía de Nivel. Había una gran diferencia entre un Lv 1 y un Lv 2.
Los Lv 2 eran mucho, mucho más fuertes.
Kami-sama lo llamaba <Promoción de Clase>.
Veamos... Mi "Fuerza", "Destreza" y "Agilidad" subieron esta vez... Espera un segundo, ¿qué pasa con mi "Agilidad"? ¡Pasé de H-148 a H-172! ¿24 puntos más que ayer?
Debe ser porque fui perseguido por quién sabe cuánto tiempo por el Minotauro.
El sistema de <excelia> era bastante simple. Una persona ganaba experiencia cuando usaba una habilidad básica. Por ejemplo, para ganar Resistencia, tendría que ser golpeado por un monstruo en la batalla. Pero todo lo que hacía era correr y esquivar, por lo que mi Resistencia casi nunca subía.
Eina me comentó que las armaduras y algunas armas aumentaban la Resistencia con solo equiparlas, pero yo huía, entonces, ¿cuál era el punto? Maldita sea, esto era vergonzoso.
—¿Um, Kami-sama? ¿Cuándo crees que seré capaz de usar Magia?
—Sobre eso, no estoy muy segura. Escuché que las personas que pueden usar Magia tienen una gran inteligencia en su <excelia>... De todas formas, tu no lees mucho, ¿verdad, Bell-kun?
—No…
La Magia tenía que ser lo primero que la gente esperaba cuando recibía una <Gracia>.
Antes de que los Dioses llegaran al Gekai, solo unas pocas razas podían usar Magia muy limitada. Pero ahora que los Dioses daban su <Gracia>, cualquiera podía aprender a usarlo siempre que estuviera en una <Familia>.
Una persona podía usar hasta tres tipos diferentes de Magia. Pero conocer solo una Magia era bastante común. Me habían dicho que los aventureros que conocían dos tipos de Magia se convertían en el soporte de su equipo.
La Magia era muy importante. Había una leyenda que decía que hace mucho tiempo, un elfo usó Magia de viento para cortar y rebanar a cien humanos. La Magia era la mejor carta de triunfo que podía revertir cualquier situación.
¿Quién podría derrotar a alguien que podía lanzar una <Ola de Llamas> con solo una espada? Sé que no podría.
Solo había un espacio para Magia en mi estado. Supongo que eso significa que solo puedo aprender uno… ¿eh?
—Kami-sama, parece como si hubiera algo en mi sección de Habilidad. Luce como que ha sido borrado algo...
—Hmm… ¡Oh! Me ensucié la mano con algo de tinta, y se manchó. Todavía sigue vacío como de costumbre, no te preocupes.
—Claro…
No mentiré; me ilusioné un poco.
Las <habilidades> estaban completamente separadas de las habilidades básicas. Cuando se activan, tienen un efecto en la batalla o en el propio cuerpo del usuario. Si el <estado> mostraba una mejora en la capacidad, entonces las <habilidades> eran como una reacción química beneficiosa que agregaba algo adicional.
Puede que las <habilidades> no sean tan llamativas como la Magia, pero su uso no costaba tanto... Aunque costaban algo...
Observé mi <estado> actualizado por última vez y miré el reloj de la pared. Luego me dirigí hacia Kami-sama.
—Kami-sama, ya es de noche. ¿Debo preparar la cena? Sé que vamos a tener una fiesta de bocadillos de papa, pero eso no será suficiente para llenarnos, ¿verdad?
—Claro, te lo dejo a ti, Bell-kun.
—B-Bien.
Me aparté de la linda sonrisa de Kami-sama y fui a la cocina. Solo podía cocinar cosas realmente fáciles, pero sí. Eina me dijo que necesitaba pensar más en el dinero. Empezaré a concentrarme en eso. Debería intentar ahorrar tanto como fuera posible a partir de ahora.
Pude sentir a Kami-sama mirándome la espalda, pero tengo algunas ideas sobre cómo reelaborar mi contrato. ¡Quizás pueda obtener más dinero de esa manera!
× × ×
Hestia le dio a Bell una despedida a la cocina como si lo estuviera enviando para la guerra. Una vez que él estuvo allí, ella dejó escapar un suspiro silencioso pero pesado.
Cogió la hoja del <estado> de la cama y la comparó con la que estaba escrita en la espalda del chico.
Los niños cambian tan rápido... Completamente diferente a nosotros.
Incluso la más mínima cosa podría cambiarlos y extenderse rápidamente por su cuerpo, mente, y fluir hacia el exterior.
No fue el deseo o la cultura lo que definió a la gente del Gekai. El <cambio> lo hizo.
<—¡Odio esto! Él cambió por ella, ¡y no es justo! ¡No lo aceptaré!>
Ella sostuvo su cabeza entre sus manos, rascándose hacia adelante y hacia atrás.
<—¡Maldición!>
Echó otro vistazo a la espalda de Bell.
Específicamente, miró su ranura de <Habilidad>.
Bell Cranell
Lv. 1
Fuerza: I-77 → I-82 Resistencia: I-13 Destreza: I-93 → I-96
Agilidad H-148 → H-172 Magia: I-0
<Magia>
[]
<Habilidad>
[Realis Phrase]
-Acelera el crecimiento
-Seguirá funcionando mientras sus sentimientos no cambien
-Mientras más fuertes sean sus sentimientos, más afectará a su crecimiento
Fue ella quien encontró una <excelia> prometedora y le escribió esa habilidad con sus propias manos. Ella lo lamentó más que nada.