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DanMachi, Vol. 21 - PRÓLOGO

PRÓLOGO - El Escenario de la Obra Corrupta del Mundo

Ais estaba de pie en la oscuridad.

No sabía dónde se encontraba.

Ni por qué estaba allí.

Al intentar mirar a su alrededor, de pronto lo comprendió.

Sus manos y pies eran pequeños y redonditos; su piel, suave y esponjosa.

Llevaba ropa sencilla y nostálgica.

Ais había vuelto a su forma de niña de antaño.

¿Antaño?

¿Cuándo había sido exactamente ese “antaño”?

Ais siempre había sido una niña, pero tenía la extraña sensación de que no siempre había sido así.

No lograba entenderlo, pero sí sabía que estaba completamente sola… y eso la entristecía.

Mientras temblaba de miedo en aquella oscuridad silenciosa y fría, lo escuchó.

—¡Vamos, Ais! ¡Vayamos a una aventura!

De repente, un montón de “amiguitos” asomaron sus caritas desde sus pies.

Muñecas que parecían hermanas, un peluche de lobo cosido, un fuerte enano de hojalata y una robusta figura de arcilla.

Hadas con forma de luces esféricas flotaban en el aire, soldaditos con cabezas puntiagudas y gatos con uniforme militar.

Todos eran más pequeños que Ais, pero ella sabía que eran increíblemente fuertes y confiables.

—¡Ah, es cierto! ¡Soy una aventurera!

Con determinación, tomó una espada y un escudo de juguete hechos de madera y partió en una gran aventura junto a sus "amiguitos".

El laberinto, tenuemente sombrío, era inquietante, y de él surgían incontables monstruos. Pero Ais no sintió ni un ápice de miedo.

Cada vez que sus "amiguitos" agitaban sus pequeños brazos y piernas, los monstruos caían al suelo con estruendo.

Las hadas que flotaban a su alrededor brillaban en tonos de jade y ámbar, abriendo el camino con su magia arcoíris.

Ais, con un grito de “¡Eiyaaa!”, blandió su espada, haciendo que los monstruos se desplomaran con los ojos en blanco.

No había nada que temer. Podía llegar hasta donde quisiera.

—¡Vamos, cantemos una canción!

Los aplausos y las pisadas seguían el mismo ritmo. Las trompetas rugían, los tambores retumbaban, y su espada brillaba mientras la levantaba una y otra vez hacia el cielo.

El martillo risueño repicaba con fuerza, y la pequeña y adorable sacerdotisa animaba a todos con entusiasmo.

—¡Marquen el ritmo! ¡Formen una fila! ¡Todos juntos!

—¡Todo listo! ¡Con Ais al frente, marchen valientemente!

*Pam, pam* Con un alegre ritmo, todos tocaron juntos y siguieron descendiendo.

Abajo, abajo.

Abajo, abajo, abajo.

Abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo, abajo…

Incluso cuando la oscuridad se volvía más densa, continuaron descendiendo.

Esto se repitió exactamente 60 veces. Y justo después de tanto descenso…

Un fuerte viento sopló.

Era un viento helado.

Ais se sujetó el cabello y, por instinto, cerró los ojos.

Se escuchó un splash, splash.

Algo tibio le salpicó el rostro.

Se preguntó “¿Qué será?” y al abrir los párpados notó que todo estaba en silencio.

Ya no escuchaba la canción que todos cantaban juntos.

¿Qué pasó con todos?

Se giró lentamente. Y entonces…

Vio un manantial carmesí extendiéndose ante ella.

Los brazos y piernas de sus "amiguitos" estaban retorcidos. El brazo derecho de aquella amiga tan querida se había desprendido.

Todos estaban llenos de agujeros, destrozados, desgarrados, y sus entrañas empapadas en rojo se derramaban con un sonido húmedo. Aquellas vísceras eran de un color tan vivo que resultaban repugnantes.

Y de sus ojos de botón, ya rotos, resbalaban gruesas lágrimas carmesí.

Ese *splash, splash * que le había salpicado era la sangre fresca de todos sus "amiguitos".

—────

Ais se paralizó.

Todo su cuerpo se enfrió; tenía tanto frío que incluso los dedos de sus manos y pies se congelaron.

Un *fiuu, fiuu * sonó con fuerza, como si el aire estuviera gimiendo.

Y al girar sus ojos temblorosos, por fin lo vio.

La punta de la espada que sostenía estaba teñida de rojo.

—Todo… todo es culpa tuya —susurró la sangre de sus "amiguitos", adherida a la hoja.

Ese viento frío silbaba con fuerza, formando remolinos alrededor de la espada.

—¡A-ja-ja! ¡U-fu-fu! ¡Ji-ji-ji!

Se reía.

Alguien le había robado su voz y se burlaba de ella.

El viento, que se reía ante los ojos congelados de Ais, se convirtió en una furiosa tormenta.

En un instante, todo excepto Ais fue arrasado, y sus "amiguitos", apilados unos sobre otros, volaron muy alto en el aire… y explotaron.

Una lluvia roja cayó.

Una lluvia que teñía vívidamente la oscuridad.

Una lluvia espesa de sangre y carne había empapado a Ais, quien ya estaba helada como el hielo.

Sus pupilas, ahora completamente bañadas de rojo, se contrajeron de forma anormal.

Y el siguiente sonido que brotó fue un grito lleno de terror y desesperación.

—¡¡¡AAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!

Se abrazó la cabeza con ambas manos, sus rodillas se doblaron con un dolor atroz y colapsó.

Incontables estalagmitas de hielo surgieron a su alrededor.

Una “jaula de hielo” que congelaba no solo su cuerpo, sino también su corazón de niña.

O quizá, un refugio en forma de cúpula para resguardar su corazón ya agrietado.

Desde lo alto, “algo siniestro” observaba aquella interminable pesadilla.

—¡I-ji-ji-ji-ji… Ariaaa~!

Aquel ser horripilante y enorme abrazó la “jaula de hielo” que aprisionaba a la chica, dejando escapar una voz llena de éxtasis y deslizando su larga lengua sobre ella.

DanMachi, Vol. 21 - PRÓLOGO DanMachi, Vol. 21 - PRÓLOGO

Comments

Cuando sale esta traducción, yo feliz de pagar por esto

Jhon

pa cuando pa?

emanuel bermudez


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