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DaikoFextar
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Las brujas del sexo, capítulo 14. Cambio de rumbo. (Versión texto).

Antes de comenzar os recuerdo rápidamente que si prefieres escuchar este relato (como si fuese un JOI) en vez de leer, simplemente pulsa aquí (he subido a la vez la versión escrita y la versión audio).

Lo que vas a leer a continuación es el capítulo 13 de mi próxima novela, una novela muy novedosa donde el protagonista (tu) recibirás instrucciones específicas para masturbarte. Para leer los capitulos anteriores puedes hacer click aquí.



Capítulo 14 – Cambio de rumbo

Tras un buen rato durmiendo, volviste a abrir los ojos. Te sentías aturdido y te costaba un poco enfocar la vista.

Al intentar incorporarte algo te alertó y sobresaltó. El lugar donde estabas tumbado era demasiado estable. Definitivamente no estabas en una barca. Unas paredes de piedra te rodeaban y una robusta puerta de madera te separaba del exterior. Sin duda, estabas encarcelado.

Querías llorar. Posiblemente no lo hacías porque aún seguías exhausto tras todo lo que tuviste que hacer para escapar de Sabrina.

¿Dónde estaban Larfu y Elpha? Estabas solo y no se escuchaba ningún ruido. Pensaste en gritar para llamarles y averiguar si al menos estaban bien, pero al sopesarlo mejor tuviste una idea, no llamar la atención y fingir que seguías hipnotizado por las brujas. Tal vez así te dejaban salir de allí sin miedo a que escapases. No era un gran plan, pero era mejor que nada.

Tenías un montón de preguntas rondando tu mente. ¿Cómo podían haberte capturado dormido? Seguramente habría sido con algún hechizo. ¿Quién te había capturado? Lo más posible es que hubiese sido Sabrina con sus seguidoras. ¿Cuánto tiempo llevabas durmiendo? Tras unos 20 minutos asimilando la situación, empezaste a darte cuenta de algunos detalles de la celda. La cama era muy cómoda y a un lado de ella había un mueble con agua y comida bastante apetecible.

-Esta celda… no es una celda. - Pensaste.

Allí también había un escritorio con velas apagadas, una pluma y tinta. No estabas en una celda, pero sentías que salir podía ser peligroso. Mientras pensabas que hacer, escuchaste ruido. Alguien se acercaba a la habitación.

La puerta se abrió. Una silueta encapuchada entró. No podías ver bien su cara pero su figura parecía joven y femenina. Tras ella, otra silueta similar entró. Tras las dos misteriosas mujeres, llegó la tercera y última persona.

Esta última mujer era sorprendentemente alta y esbelta. Daba la sensación de que las dos misteriosas mujeres anteriores se encargaban de escoltarla, pero al contrario de ellas, podías ver a la perfección el rostro de esta mujer. Era rubia, muy alta, joven y delgada. Su pelo era increíblemente largo (casi le llegaba a las rodillas) y su elegante ropa parecía indicar que ella era alguien importante.

Por un momento pensaste que ella y Sabrina eran polos opuestos. Sabrina transmitía poder y soberbia y ella transmitía paz y serenidad. Aunque las dos, a su manera, eran muy atractivas.

- ¿Como te encuentras? ¿Te duele algo? ¿Estás bien? - Preguntó la elegante mujer mirándote a los ojos.

-Si ama. - Respondiste, intentando aparentar estar hipnotizado.

Ella, sorprendida con tu respuesta, miró a una de sus acompañantes y casi parecieron reír. ¿Te habían descubierto?

- ¿Podrías volver a usar la piedra con él? Quiero verlo con mis propios ojos. - Le dijo ella a una de las mujeres encapuchadas.

Tras sus palabras, una de las mujeres sacó de un bolsillo una hermosa piedra azul semitransparente que brillaba con fuerza. Tras sacarla, la acercó a tu pecho y al hacerlo, la piedra brilló con una fuerza espectacular, iluminando toda la habitación.

La luz fue tan fuerte que por unos instantes te asustó. No entendías nada, pero lo más sorprendente vino después, cuando la distinguida mujer que ordenó acercar la piedra a ti comenzó a llorar.

-Eres… el elegido… al fin lo hemos encontrado.

Ahora sí que estabas asustado, no entendías nada, te morías de ganas de preguntar, pero sabías que lo mejor era seguir pareciendo hipnotizado.

-Dejadme a solas con él. – Dijo la mujer rubia.

-¿Segura?

-Por supuesto. Y no me esperéis en la puerta, tengo intención de yacer con él.

-Muy bien.

Las dos mujeres encapuchadas salieron de allí sigilosamente mientras que la otra secaba sus lágrimas.

-Bueno… entonces estás hipnotizado. Que pena, me hubiese gustado hablar contigo sin barreras. No sabes la cantidad de años que llevo buscándote.

El misterio de sus palabras te incitaba a revelar la verdad, pero te mantuviste, era lo mejor si querías salvar a Elpha y Larfu.

-Creo que debería comprobar de alguna forma que realmente estás hipnotizado antes de seguir. Besa mis pies.

Su orden te sorprendió. Aunque Sabrina te había ordenado hacer cosas peores, este tipo de sometimiento se te hacía especialmente humillante. Aun así no te quedaba elección, te arrodillaste, pusiste tus manos en el suelo y agachaste la cabeza. Ella llevaba un calzado que mostraba la parte superior de sus pies, por lo que hacerlo no fue difícil. Cuando ella sintió tus labios en su piel habló.

-La última vez que puse a un rey de rodillas fue para cortarle la cabeza. Quien me diría que volvería a hacerlo de una forma tan distinta. Levanta, no estoy siendo justa contigo, aunque esto quedará por siempre en los anales de historia.

Seguías sin entender nada de lo que decía. ¿Estaba loca? ¿Tenía algún sentido algo de lo que decía?

-Desnúdate y túmbate sobre la cama. Vamos a seguir escribiendo la historia de este mundo.

Acción: Desnúdate por completo y túmbate sobre una cama.

Tú, intentando aparentar indiferencia, hiciste lo que te pidió. Lo habías hecho cientos de veces ante muchas brujas, pero hacerlo ante ella se sentía diferente.

Comenzaste a pensar en tu condición física. Lo lógico sería pensar que, si su intención era follar contigo, no pudieses hacerlo (bastante te costó hacerlo la última vez con Elpha en la barca), pero, por algún motivo, te sentías bien.

-Hace cientos de años que no hago esto. - Dijo ella mientras se subía en la cama entre tus piernas.

¿A qué se refería con cientos de años? ¿Estaba exagerando? O realmente… Desde luego no parecía mayor. Ella parecía joven y para colmo, ahora que estaba sobre ti, no podías evitar excitarte.

-Dicen que los hombres humanos son muy rudos en la cama y sin embargo parece que voy a ser yo la que te someta. Aunque la verdad es que así mejor, prefiero hacer las cosas a mi ritmo, realmente hace mucho que no hago esto.

Ella no se quitó la ropa al subirse en la cama, pero su vestido acababa en una especie de falda muy ancha, por lo que pudo abrir las piernas sin problemas al subirse sobre ti.

-Si no lo hago bien… puedes decírmelo.

Aunque todo lo que ella hacía lo hacía con decisión y elegancia, la viste dudar por primera vez, como si realmente llevase cientos de años sin hacerlo y ahora no recordase cómo se hacía. Aun así, las dudas se fueron con rapidez cuando ella agarró tu polla y la apretó contra su vagina.

-Vale… es aquí.

Se dejó caer y tu polla comenzó a penetrarla.

Acción: Agarra tu pene con fuerza, pero no te masturbes todavía.

Ella bajó lentamente, sin prisa, pero también sin dudas. Incluso en un acto tan obsceno, seguía transmitiendo elegancia. Tras unos segundos, llegó hasta el fondo y consiguió sentarse sobre ti con todo tu pene dentro de ella. En vez de moverse para seguir con el acto, volvió a hablar.

-Tengo algo que confesarte.

Te miró, esperando que respondieses, pero tú seguías volcado en aparentar indiferencia.

-Sé que no estás hipnotizado.

Otro vuelco a tu corazón. ¿Estaba poniéndote a prueba? ¿Era una trampa? Aunque no sabías que hacer, no dijiste nada. Ella, traviesa, comenzó a moverse lentamente sobre tu pene.

Acción: Comienza a masturbarte lentamente.

-¿Sabes por qué lo sé?

Te daba tanta rabia ver que ella dominaba la situación que te morías de ganas de responder, pero seguías aguantando.

-Muy fácil. Porque no soy una bruja.

Su respuesta te quebró por completo. La hipnosis solo funciona frente a las brujas, por lo que, si lo que ella decía era cierto, estabas haciendo el ridículo. Eso explicaba porque se rieron sus acompañantes cuando aparentaste estás hipnotizado. Ella tenía toda la situación bajo control, seguía cabalgándote a una velocidad lenta, esperando a ver tu reacción.

-¿Sigues sin decir nada? ¿En serio? Jajaja. ¡Vaya! Incluso me hiciste reír. Hace años que no me río. ¿Crees que te estoy engañando? ¿Piensas que soy una bruja? Entonces tendré que enseñarte esto.

La mujer llevó una de sus manos a su pelo para retirarlo y enseñarte sus orejas.

-Mi nombre es Yara Sentina Tomelphius Daotome y… soy la reina de los Elfos.

Ella no mentía, sus orejas eran inconfundibles. Tu mentira había quedado al descubierto, no había motivos para seguir fingiendo.

-¿Elpha está bien? - Dijiste por primera vez por voluntad propia.

-Jajajaja, no puedo creerlo, ¿eso es lo primero que dices mientras lo haces con la reina de los elfos?

Ella tenía razón, si ella era una reina, lo mejor era tratarla adecuadamente.

-Pero sí, ella está bien y tu amigo Larfu también. Cuando los vea les diré que preguntaste primero por ella.

Ella parecía inmutable. Seguía moviéndose y follando contigo, subiendo y bajando lentamente sobre tu cintura mientras hablaba con una elegancia digna de… una reina.

-¿Por qué tengo el honor de estar haciéndolo con una reina?

-Porque quería hacerlo con el elegido y sentir tu semen dentro de mí.

-¿Lo dices en serio? ¿El elegido de qué? ¿Para qué? No entiendo nada.

–Sé que tienes muchas preguntas, pero tranquilo… llevo mucho tiempo buscandote y ahora que al fin te he encontrado quiero disfrutar de ti sin prisas.

Ella, que hablaba contigo erguida sobre tu cuerpo, puso sus manos sobre la cama y se abalanzó sobre ti, quedando su cabeza mucho más cerca de tu cara de lo que estaba hace un momento, pero incluso estando tan cerca, no dejó de mirarte.

-Tu eres una de las piezas más importantes para que los humanos puedan recuperar su libertad.

Tras decir aquello, ella comenzó a mover su cintura de una forma diferente. Ahora no subía y bajaba todo su cuerpo sobre ti, sino que movía la cintura con unos seductores y placenteros movimientos. No era un ritmo superior al anterior, pero sin duda aumentó tu excitación.

Acción: Mastúrbate a velocidad media.

Todo lo que ella decía parecía tener una gran relevancia, por lo que mezclar la conversación con el sexo se te hacía complicado. Aun así ella parecía tener la situación bajo control, como si supiese la forma de no hacerte terminar hasta que aquella conversación no terminase por completo.

-¿Por qué yo? ¿Por qué soy el elegido?

-¿El destino? ¿Tal vez suerte? No lo sé, en cualquier caso, la gema de los humanos ha brillado inconfundiblemente al acercarla a tu cuerpo. Sabemos que eres tú gracias a eso.

-¿Y… qué debo hacer ahora?

-Cuando el humano y la bruja elegidas yacen en el monte del destino pueden pedir cualquier deseo. Ahora que te hemos encontrado, el siguiente paso es buscar a la bruja del destino.

-¿Cualquier deseo?

-Sí. Podríais pedir que las brujas dejasen de existir, o que dejasen de esclavizar a los humanos. Hace miles de años se terminaron guerras gracias a este método.

-Me cuesta mucho creer todo lo que dices.

-Los elfos tienen la biblioteca más grande e importante de este mundo. Además de la gema de los humanos, hay otras formas de saber quién es el elegido. Algunos libros dicen que el semen del elegido tiene un gran poder mágico para las brujas. ¿Te suena de algo?

-...

-Por eso también quería hacerlo contigo. Quiero sentir el semen del elegido en mi interior y comprobar su poder.

Yara bajó un poco más su cuerpo hasta apoyarse por completo sobre ti. Encajó su cabeza en el hueco entre uno de tus hombros y una de tus mejillas. Podías sentir su respiración golpeando en tu oído y sus pechos apoyados sobre tu cuerpo.

-Si me lo permites, voy a seguir haciéndolo así, mantener una posición para mirarte a los ojos mientras hablamos y follamos estaba comenzando a cansarme. Además… creo que estoy empezando a excitarme. - Dijo susurrando a tu oído.

La voz de Yara se sentía algo diferente, dejando ver que efectivamente, se estaba encendiendo y le costaba comenzar a dominar la situación que hace solo unos instantes parecía tener controlada.

-Te contaré una cosa más. Entre los elfos suele decirse que a los humanos solo les interesa el vulgar acto sexual. Sé que empezaste fingiendo que estabas hipnotizado, pero ahora no hay nada que te impida… despertar tus impulsos…

Ella, sorprendentemente, te estaba pidiendo…¡Que tomases las riendas de aquel acto sexual!

Acción: comienza a masturbarte rápido.

Tú pusiste tus dos manos sobre su cintura. En ese momento fuiste tú el que comenzó a moverse para penetrarla. Eso provocó que los movimientos que ella estaba haciendo sobre ti se desincronizaran y cesaran, pero también provocó algo más, que escuchases como ella soltaba un ligero gemido.

-Ahhhh… esto es…

No pudo terminar la frase. Todo lo que ella había estado haciendo había servido para calentarte y ahora solo querías explotar y follarla con fuerza. Además, sentías cierta responsabilidad de enseñarle de lo que eran capaces los humanos y de que podías hacerla disfrutar con lo que ella llamaba el “vulgar acto sexual”.

-Esto es nuevo… para mi… no lo puedo controlar…ahh…

Que ella estuviese escondiendo su rostro a un lado de tu cabeza le servía para protegerse y esconderse, pero también dejaba expuesto un punto sensible. Su cuello. Mientras seguías follando cada vez más fuerte, comenzaste a besar y chupar su cuello.

-¡AHHHH!… ¡Pero qué haces!... ¡Esto es… tan… sucio!...

Bingo, todo lo que hacías le estaba gustando.

Acción: ¡Sigue masturbándote rápido! Esto aún no ha terminado.

-¡No lo entiendo! ¡No lo puedo controlar! - Decía ella desesperada mientras comenzaba a agarrar tu cabeza con fuerza.

-Es sexo es justo eso, dejar que fluya, dejar de controlar y dejarse llevar. -Dijiste inspirado.

-Es tan… diferente a intentar… controlar la magia…

Sentías tu cintura absolutamente mojada. El sonido de tu pene entrando y saliendo de su vagina inundaba la habitación y a ella le costaba cada vez más hablar.

Aunque estabas disfrutando mucho, seguías sintiendo la presión de hacerlo con una reina, una reina que estaba descubriendo contigo el sexo y que, por tanto, tenía muchas expectativas en ti. Querías hacerla disfrutar todavía más pero no sabías como, hasta que se te ocurrió… intentar estimular su clítoris mientras seguíais follando…

Llevar tu mano hasta su vagina con su cuerpo tan pegado al tuyo se te hizo complicado, más aún mientras seguías moviéndote y besandola, pero con esfuerzo lo conseguiste.

-Pero… ¿Qué?...Ahhhh… ahh…AHHH…¡Qué haces! ¡Qué haces! ¡Me desbordo!

De nuevo tuviste éxito. Comenzaste besando sus pies, pero ahora eras tú quien la tenía a sus pies.

-¡Ahhhhhh! ¡Ahhhhhh!

Ella gemía con la boca cerrada, pero aun así hacía bastante ruido. Seguías bastante inspirado, por lo que volviste a hablar.

-Como te dije, el sexo es dejarse llevar, dejar de controlar la situación. Si gimes con la boca cerrada es que estás intentando controlarte.

Y, mientras decías eso, le metiste un par de dedos en la boca con la mano que aún tenías en su cintura.

Eso la volvió loca. Dejó de hablar y de gemir, pero su coño comenzó a contraerse con fuerza y sentías como un líquido salía de su vagina a chorros. Se estaba corriendo tan exageradamente que incluso alcanzó un squirt.

-Ahhh….ahhhhhh….. no entiendo….. - Balbuceó como pudo mientras se corría.

Verla así, disfrutando de esa manera, te relajó y liberó de la presión que estabas sintiendo por intentar hacerlo lo mejor posible.

Acción: Córrete.

Fue esa liberación el empujón final que necesitaste para comenzar a eyacular. Ni siquiera eras consciente de que estabas tan cerca del orgasmo hace unos segundos, pero ahora tu semen salía sin parar dentro de su vagina.

Ella seguía temblando y clavando sus dedos en tu cabeza, aunque cada vez con menos fuerza.

-Esta sensación… no sé describirla, pero ha sido… grandiosa. - Dijo Yara mientras comenzaba a recomponerse.

-Espero haber estado a la altura de una reina.

-Lo has estado. Esto no lo olvidaré nunca. Además, tu semen… es mejor de lo que podía alcanzar a imaginar. Está lleno de poder mágico. No puedo usarlo a mi favor como las brujas, pero puedo sentirlo. Es increíble.

-Aún queda hacer algo más. – Dijiste, haciéndote el interesante.

-¿No hemos terminado?

-Cuando los humanos tienen sexo, si a la mujer le ha gustado como lo ha hecho el hombre, ella suele chupar su pene al terminar para limpiarlo.

Por supuesto, lo que decías era mentira, pero querías devolverle la jugada que te hizo al hacerla besar sus pies.

-¿Cómo? Es la primera vez que escucho algo así.

-Entonces creo que toca actualizar los libros de tu biblioteca. Aunque si no quieres hacerlo lo entiendo, eres la reina de los elfos, no una humana.

-Ella se incorporó ligeramente para mirarte a la cara, tras unos segundos de duda… comenzó a deslizarse y a bajar para hacer lo que le habías pedido.

Tu pene seguía duro y lleno de todos los fluidos que se habían mezclado en su vagina, pero ella, sin apenas dudar, comenzó a chuparlo. Lo hizo lentamente, pero metiéndoselo directamente en la boca.

-¿Lo estoy haciendo bien?

-Sí. Muy bien. Puedes hacerlo así o chupándolo por fuera. El objetivo es limpiar todo el pene para agradecer lo bien que lo he hecho.

Ella, obediente, al escucharte, siguió chupando tu pene, metiéndoselo con profundidad en su boca y usando bastante la lengua. Parecía que le gustaba, aunque claramente había recuperado su porte y volvía a transmitir mucha elegancia, incluso haciendo algo tan ordinario. Al principio tu intención era confesarle que era una broma, pero ahora te daba miedo confesarle la verdad.

Cuando ella sentía que estaba terminando, preguntó.

-¿Y los hombres no agradecen si la mujer lo hizo bien?

-Claro, ahora cuando acabes chuparé yo tu vagina.

-¿¡Cómo!?


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Esto es todo por ahora, espero que os haya gustado este capítulo.

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Las brujas del sexo, capítulo 14. Cambio de rumbo. (Versión texto).

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