DanMachi - Sword Oratoria, Vol. 07 SS
Added 2025-04-09 12:37:39 +0000 UTCY el Chico y la Chica Comenzaron a Correr
Después de que la Familia Hestia ganara el Juego de Guerra, la ciudad rebosaba de actividad día tras día.
El aventurero Bell Cranel no dejaba de recibir elogios. Había sido la figura clave en la victoria, decidiendo la batalla en un combate uno a uno contra el general enemigo. Los elogios eran tan constantes que, al caminar por las calles, siempre se escuchaba alguno.
—¡Bell Cranel es tan genial! ¡Aunque parezca tan débil!
—¡"Little Rookie" es increíble! ¡A pesar de que parece un conejito!
—¡Su apodo de “El Poseedor de Récords” no era ninguna exageración! ¡Aunque su cuerpo parezca algo frágil!
Y así, sin parar.
Humanos y semi-humanos de todas las edades y géneros sonreían mientras hablaban del tema más candente de la ciudad.
—¡Gunununu…!
Al oír esas voces en las calles, la admiración que Lefiya sentía por el chico se volvió un sentimiento bastante complicado.
No sabía si debía estar celosa, molesta, nerviosa… o todo eso al mismo tiempo. Pero cuando lo había visto en ese combate uno a uno, una cálida sensación le había nacido en el pecho… y ni ella misma la entendía.
Pero había algo que sí era seguro: Lefiya ya no podía evitar pensar en Bell.
(¡Claro, fue increíble, pero... fue increíble, pero…! ¡Fue un poco genial, pero…! ¡Siempre busca estar cerca de Ais-san cada que puede! ¡De entre todas las personas, justo de Ais-san… que ni siquiera es de su Familia! ¡Es tan descarado e irrespetuoso! ¡Y encima coquetea con cada mujer que conoce! Y además—Mmm… también esta lo de…)
Como si intentara refutar cada uno de los elogios que escuchaba por la ciudad, Lefiya enumeraba los defectos y debilidades del chico.
Caminaba por la ciudad frunciendo los labios, con el corazón ardiendo solo en rivalidad… hasta que escuchó una voz llamando al chico.
—¡Oi, "Little Rookie"! ¿A dónde vas?
—¡!
Giró en dirección a la voz y vio a un chico de cabello blanco corriendo por la calle.
—¡Ven con nosotros al Calabozo!
—¡Oye, quédate ahí! ¡Ten, toma esto!
—¡Gracias!
Mientras corría en dirección a la enorme torre que se alzaba contra el cielo azul, recibió una manzana del dueño de una frutería al pasar.
Se lo notaba avergonzado y apenado por las voces de ánimo que lo rodeaban.
El chico siempre era así. Debía haber estado corriendo todo el tiempo.
Siempre apuntando al calabozo. Con su meta en mente. Siempre hacia adelante. Honesto y entregado.
—¡…Yo también!
Al ver con sus propios ojos esa escena, Lefiya también echó a correr.
La neblina en su corazón y la búsqueda inútil de defectos en el chico se desvanecieron por completo. En su lugar, se encendió una fuerte determinación.
No iba a perder.
Con una renovada determinación, la chica también se dirigió al Calabozo.
Y comenzó a correr.