SakeTami
White Moon Translations
White Moon Translations

patreon


DanMachi - Sword Oratoria, Vol. 15 SS

¿AIS WALLENSTEIN SUEÑA CON UN CONEJO BLANCO?

¡Guía para hacer que un conejito duerma en tu regazo!

Fin.

En lo alto de las murallas de la ciudad, Ais, con plena confianza, puso en práctica estos pasos.

En su interior, todas las pequeñas niñas que habitaban su corazón levantaron la mirada al cielo.

—¡Crueldad hacia los animales!

—¡Nos oponemos a la violencia!

—¿Sabes siquiera qué significa "guía"?

Con varios carteles levantados en señal de protesta, las pequeñas niñas en el corazón de Ais gritaban al unísono.

Sin embargo, en cuanto Ais comenzó a ofrecerle una almohada de regazo al conejo blanco, también conocido como Bell Cranel, esas mismas niñas exclamaron emocionadas "¡Wafuu!" y comenzaron a perseguir a los conejitos que corrían desesperadamente por el jardín para poder acariciarlos.

Una víctima, dos víctimas... Ais, completamente convencida de que la escena en su mente era totalmente razonable, asintió satisfecha mientras extendía su mano hacia el chico que estaba debajo de ella.

Y entonces, acarició el cabello tan blanco como la nieve recién caída.

Aunque, por supuesto, no era esponjoso como el pelaje de un conejo, era suave. Y liso.

Había pasado un tiempo, pero ¿cuántas veces había disfrutado esa sensación?

De repente, Ais se dio cuenta de algo, le gustaba acariciar la cabeza del chico.

—Ya veo... Me gusta...

Sin darse cuenta, los labios de Ais se curvaron.

Aunque solo fuera un cambio diminuto, apenas perceptible, esos pequeños labios estaban sonriendo.

Era el segundo día de su entrenamiento secreto.

En lo alto de las murallas de la ciudad, rodeada por un cielo despejado y frío que se extendía hasta el infinito, Ais continuó siendo la cuna en la que yacía el chico dormido.

Sentía el peso sobre sus piernas como algo agradable.

Y continuaba pasando sus dedos por su cabello blanco una y otra vez.

—Si tan solo hubiera recuperado este momento antes…

Sin saber por qué, ese pensamiento cruzó por su mente.

Deseaba con todas sus fuerzas que ese momento continuara para siempre.

Ese era el deseo más fuerte que tenía.

Ais levantó la mirada y entrecerró los ojos ante el infinito cielo azul.

—Ugh… ¿eh…?

Bell comenzó a despertar.

Ais, quien ya había ofrecido incontables almohadas de regazo (forzadas), lo supo al instante.

El leve cosquilleo del cabello blanco sobre su muslo era la señal inequívoca de que estaba a punto de despertarse.

Después, una ligera arruga aparecería en la parte izquierda de su frente, y el párpado derecho temblaría ligeramente. Tal como había pensado, eso fue exactamente lo que sucedió.

Esta sería, por ahora, la última vez que vería este rostro dormido.

Ais bajó la mirada desde el cielo y fijó sus ojos en el rostro del chico que estaba justo debajo de ella.

Poco a poco, los párpados de Bell se abrieron ligeramente.

—¡¿……Eeeeeeeeeeeeeeeeh?!

Así como Ais había anticipado perfectamente las señales de su despertar, Bell también comprendió de inmediato "lo que estaba pasando" en el momento en que abrió los ojos.

Más rápido que el viento de Ais o el relámpago ardiente que podía generar él mismo, su rostro se tiñó de un rojo brillante, y, como si quisiera gritar "¡Sabía que esto pasaría!", dejó escapar un extraño grito mientras intentaba liberarse del regazo que le servía de almohada.

Por su parte, Ais ya había anticipado por completo ese movimiento y lo tenía completamente "previsto".

—No.

Y diciendo eso,

* Plaf *

Pensó en sujetarlo por los hombros para evitar que escapara, pero desistió pensando que Bell podría odiarla por eso.

Las pequeñas niñas dentro del corazón de Ais dejaron escapar un gran "¡Eeeehhh!" y desataron una tormenta de quejas por su cambio de decisión.

Bell, completamente confundido, saltó como un conejo asustado desde las piernas de Ais, describiendo un leve arco antes de aterrizar sobre el empedrado.

La capacidad de Bell para comprender la situación en un instante, su increíble velocidad de reacción y las acciones que lo acompañan… Todo ello era digno de un aventurero de Primera Clase, algo que Ais reconoció una vez más.

—De verdad… te has convertido en un aventurero de Primera Clase, ¿no?

Murmuro esas palabras mientras seguía arrodillada en el suelo

Para ella, el momento estaba cargado de emociones.

Aunque su expresión, como de costumbre, hacía difícil para los demás discernir lo que estaba pensando.

—¿Eh…? Ah, esto… e-esto… gracias…

Bell, todavía completamente sonrojado, permanecía en una postura de precaución con una rodilla en el suelo, parpadeando repetidamente en confusión ante las inesperadas palabras de Ais. Aunque no comprendía del todo lo que ocurría, logró darle las gracias con torpeza.

Mientras tanto, Ais ocultó una leve sonrisa detrás de sus labios y, como era habitual, dio unas palmaditas en su regazo.

Era una clara orden de su maestra para que volviera.

Sin embargo, el discípulo rebelde agitó la cabeza de un lado a otro con fuerza, rechazando la invitación, tal como siempre hacía. Y como de costumbre, su rostro, hasta las orejas, estaba teñido de rojo.

Incluso este intercambio repetitivo era algo que Ais encontraba agradable, y entrecerrando ligeramente sus ojos, como era habitual, dio unas palmaditas en el suelo justo a su lado, indicando que debía sentarse allí.

Bell, mostrando una expresión como si las palabras se le atascaran, finalmente cedió, y como un niño que no podía resistirse a una propuesta atractiva, con timidez, se acercó y se sentó junto a Ais.

Dejando un espacio entre ellos, lo suficiente como para una persona, o quizás solo para medio cuerpo.

Esto también era algo habitual entre los dos.

Dar y recibir almohadas de regazo, sentarse juntos y tomar un breve descanso.

Era algo que, desde el primer entrenamiento en las murallas de la ciudad, se había convertido naturalmente en una costumbre, en una especie de promesa entre ellos.

—Así que ya has alcanzado... el Nivel 5.

—¿…? Ah, sí, lo alcancé…

Aunque Ais ya lo sabía desde hace mucho tiempo, comentó aquello como si fuera algo nuevo.

Bell, aún incapaz de ocultar el rubor en sus mejillas y manteniendo la mirada hacia adelante, se giró hacia Ais con una expresión de curiosidad por lo que acababa de decir.

Ais, devolviéndole la mirada a esos hermosos ojos carmesí, decidió preguntarle.

—¿Como es que puedes… volverte más fuerte, tan rápido, Bell?

Hace más de seis meses, le había hecho la misma pregunta en el mismo lugar.

Después de todo, la razón por la que Ais aceptó ser la compañera de entrenamiento de Bell en primer lugar fue precisamente esa.

Ais, que deseaba poder y volverse más fuerte, quería descubrir el secreto detrás del "rápido crecimiento" de Bell.

Quería conocer el secreto de Bell Cranel, y si era posible, hacerlo suyo, convirtiéndolo en una parte de sí misma para usarlo como base para alcanzar su propio "anhelo".

Por supuesto, el sentimiento de culpa por haberlo herido durante el incidente con el Minotauro también era real, y deseaba enmendar el daño.

Aunque, para aquel momento, Ais ya tenía un motivo claro.

(Pero ahora…)

Mientras sus miradas se cruzaban, igual que aquella vez, con los ojos de Bell bien abiertos, Ais deslizó sus dedos por la parte más transparente de su corazón.

La respuesta que Ais realmente buscaba, probablemente no la obtendría esta vez tampoco.

Ni siquiera Bell parecía ser consciente de lo anormalmente rápido que crecía.

Aun así, Ais sabía, al menos un poco, lo que los labios frente a ella estaban a punto de decir. Y lo esperaba con ilusión.

—…Hay alguien a quien quiero alcanzar, cueste lo que cueste... y un lugar al que quiero llegar, sin importar qué. Sigo pensando lo mismo, incluso ahora.

Al igual que la vez anterior, Bell respondió con la misma respuesta que le había dado a Ais en el pasado.

Pero esta vez, no había ni rastro de duda en su voz.

Sus ojos eran increíblemente directos.

A pesar de lo increíblemente rápido que habia crecido y de lo fuerte que se habia vuelto, el núcleo del joven Bell Cranel, esa raíz pura e inmutable desde hace medio año, seguía igual; y ante eso, Ais esbozó una suave sonrisa.

(De verdad, las parte más valiosa de ti no ha cambiado.)

"Por favor, no cambies."

Aunque sabía que era un pensamiento un poco egoísta, Ais deseaba con todas sus fuerzas que siguiera siendo así.

No importaba lo que ocurriera de ahora en adelante.

—…Además, ahora tengo más "promesas".

Mientras Ais reflexionaba sobre esto, Bell, tras un breve instante de pensamiento, agregó aquellas palabras.

—¿"Promesas"…?

—Sí. Como la promesa de… reír juntos bajo un cielo despejado, como ahora. Y la promesa de… volver a luchar una vez más.

Ais entendió lo que Bell estaba diciendo.

Incluso alguien como ella, que no era muy hábil para captar las emociones ajenas, pudo darse cuenta de eso.

Seguramente, se trataba de cierto "monstruo".

Una conexión con el monstruo irregular que Ais había rechazado en un principio, pero que al final había cedido y dejado escapar.

Sin duda, el entrenamiento de hoy tuvo su origen en la determinación del chico que, en esta muralla de la ciudad, juró a Ais que quería volverse más fuerte.

Ais, al comprenderlo, se sorprendió de no sentirse tan impactada como esperaba.

El hecho de que Bell, quien buscaba volverse fuerte para alcanzar a alguien, también deseara fortalecerse por el bien de un "monstruo" no le generó desagrado ni celos.

Por primera vez, Ais se sintió desconcertada por el cambio en su propio corazón.

La Familia Loki había decidido, en su momento, dejar de lado la existencia de los "xenos".

Siguiendo esa decisión, Ais también había priorizado los objetivos que debía cumplir y había evitado pensar demasiado en ellos.

Sin embargo, en ese momento, se dio cuenta de que no le preocupaba tanto como aquella noche en la que casi rompió lazos con Bell.

No es que hubiera aceptado a los "xenos". Ni mucho menos.

Y Bell, también, parecía haber percibido ese cambio en el corazón de Ais... o quizá confiaba en ello, cuando decidió hablarle sobre la "promesa".

Confiaba en que estaría bien hablar de esto con la Ais de ahora.

Le pareció extraño.

Tanto su propia mirada como la forma en que Bell la miraba ahora.

—…Bell, ¿lo entiendes?

—¿Eh…? ¡¿Qué?! Eh, no, ¡no es eso…!

Cuando Ais expresó directamente lo que pensaba, Bell se sorprendió de una manera diferente a la anterior y se puso nervioso.

Parecía confundido, sin saber por qué Ais le hacía esa pregunta en ese momento o cómo había llegado a formularla.

Ais, al verlo, se sintió culpable y pensó que quizás el hecho de que Loki y los demás la llamaran "ingenua" se debía precisamente a este tipo de cosas, lo que la hizo sentir aún más deprimida.

—…Eh, pero… aunque no entienda a Ais-san como lo hacen Tiona y las demás…

Ais, que había estado abrazando sus rodillas y observando hacia abajo, levantó la mirada.

Y con el rostro nuevamente enrojecido, y comportándose algo nervioso, Bell reunió todo el coraje que le quedaba mientras sus labios temblaban.

—…Quiero saber más sobre ti, Ais-san… Eso… eso es lo que pienso…

Esta vez fue el turno de Ais de parpadear sorprendida.

Bell no era capaz de mirarla siquiera de reojo, y su rostro, más rojo que nunca en todo el día, estaba inclinado hacia abajo, como si en cualquier momento fuera a emitir humo y desplomarse.

Ais no entendía por qué se sonrojaba tanto.

Pero las cálidas emociones que acababan de llenar su pecho también se transformaron en palabras.

—Yo también… quiero saber más sobre ti, Bell.

Ais sonrió mientras apoyaba su mejilla en sus rodillas.

Su largo cabello dorado se deslizó suavemente desde detrás de su oreja.

Sus mejillas estaban ligeramente cálidas. Quizás el motivo del sonrojo de Bell era el mismo sentimiento que ella estaba experimentando en ese momento.

Y levantando el rostro de repente, Bell se encontró con los ojos de Ais y, en un instante, su expresión cambió de una emoción a otra.

Alegría, vergüenza, asombro, sorpresa… pero, sobre todo, un impulso incontrolable de saltar de felicidad.

Con una mezcla de emociones en su rostro, Bell terminó mostrando una sonrisa torpe, como la de un niño que había fallado en ocultar su alegría, pareciendo un payaso patético.

Ais dejó escapar otra pequeña sonrisa.

—¿Me podrías contar algo sobre ti, Bell?

—¡S-Sí! ¡Pregúntame lo que quiera!

—Entonces, ¿qué te enseñaron tus otros maestros?

—¿Eh?

—¿Quién enseña mejor, ellos o yo?

—¿Eh?

—¿A quién prefieres, a mi o a tus otros maestros?

Habiendo logrado que Bell diera su palabra, Ais se inclinó ligeramente hacia él, repitiendo con insistencia su "¿Me lo podrías contar?".

Ais seguía obsesionada con el tema de los otros maestros (ambos elfos de cabello dorado) que aún no conocía. O mejor dicho, tenia mucha curiosidad de ello.

Desde la perspectiva de Riveria y los demás, que conocían a la joven Ais, quien solo se interesaba en luchar y volverse fuerte, probablemente habrían comentado algo como "bueno, al menos es un progreso".

Para Bell, sin embargo, fue todo un espectáculo de emociones, y al final, solo pudo dejar escapar un patético grito de desesperación.

—¡¿Eeeehhhhhhhhhhh…?!

El chico que hace un instante se sentía en las nubes, ahora había caído directamente al infierno, comenzando a sudar a mares mientras su rostro cambiaba de color una y otra vez.

—L-Lo que quiero decir es que, tú, Ais-san, tienes tus propios puntos buenos, y mi maestro y Ryuu-san también los tienen, así que no puedo decir simplemente quién es mejor, porque… um… quiero decir...

—Entonces… ¿puedes llamarme maestra también?

—¿¡Qué!?

—Ya que yo fui la primera… en enseñarte a luchar.

—Bueno, sí, pero llamarte maestra, Ais-san, sería mentalmente agotador para mí, o más bien doloroso, porque de solo recordar el cabello rubio y la figura de mi maestro, tengo pesadillas, mis piernas empiezan a temblar y siento como si estuviera en un campo de batalla infernal...

—…Puedo ser más dura que ese campo de batalla, ¿sabes?

—¡No me refería a esoooooooooooooo!

Mientras la aventurera de Primera Clase, con una personalidad "naturalmente ingenua", inflaba las mejillas y adoptaba una actitud aún más competitiva, los gritos de Bell finalmente parecieron atravesar las blancas nubes del cielo.

De repente, Ais se puso de pie, marcando el final de su tranquilo descanso.

El entrenamiento se reanudó incorporando las técnicas que había descubierto sobre los métodos de los otros maestros, y su feroz e improvisada danza de espadas fue más que suficiente para dejar al chico completamente exhausto y golpeado.

En un abrir y cerrar de ojos, Bell terminó gravemente herido, sin la oportunidad de corregir los malentendidos, y tras apenas sobrevivir cuatro veces, sucumbió perdiendo el conocimiento.

Tras esto, Ais inclinó la cabeza con curiosidad al notar que algo no estaba bien, guardó silencio mientras observaba al chico tendido de espaldas y reflexionó con tristeza.

Como disculpa, le ofreció nuevamente una almohada de regazo.

—Quiero… que sepas más sobre mi…

Mientras pasaba los dedos por su cabello y acariciaba sus mejillas, su expresión de angustia se transformó en un rostro tranquilo con suaves respiraciones; a lo que Ais murmuró en voz baja.

"Me hace feliz que intentes conocerme. Me hace sentir muy cálida por dentro."

"Pero, al mismo tiempo, también siento que no quiero que me conozca del todo."

Sobre sí misma.

Sobre la oscura llama que habitaba en su pecho, tan opuesta a la pureza blanca del chico.

Tenía miedo de que se diera cuenta de que eran diferentes.

—Si llegaras a saber más sobre mí... ¿seguirías siendo el mismo, Bell?

No hubo respuesta.

—¿Volverías a entrenar conmigo?

Sus ojos permanecían cerrados.

—¿Te quedarías a mi lado?

El cabello blanco puro solo se balanceaba con el viento.

Aun así, Ais no pudo detener sus murmullos, y después de apretar los labios con fuerza, lo dijo.

Como aquella noche en la que Bell no se quedó con ella, sino que se fue junto a la "vouvrie".

Tal como en aquella escena en la que no soltó la mano de la "chica monstruo", al confundirla con una niña pequeña.

"Incluso si descubrieras que mi verdadera identidad es la de un monstruo, uno que alberga una llama oscura en su interior, ¿me abandonarías como lo hiciste aquel día? "

—¿Tú… me ayudarías?

"Por favor, alguien, ayúdeme."

Un eco de los sentimientos desbordados de aquel día.

La pregunta, que una vez se había desvanecido en la tranquila luz de la luna, se lanzó de nuevo bajo el cielo azul brillante.

Pero, una vez más, no hubo respuesta. La respuesta que Ais deseaba no se encontraba en ningún lado.

Sin embargo, el chico, como si respondiera al suave movimiento de los dedos de Ais que trazaban su rostro, pareció moverse ligeramente, y asintió con una pequeña inclinación de cabeza. O eso le pareció a ella.

Incluso si solo era una ilusión, para Ais, eso era suficiente.

Solo con eso, sintió que podría esforzarse un poco más.

                                                        × × ×

"No puedo recordar ni tu nombre ni tu rostro."

"¿Aun así… me ayudarías?"

En el interior de un abominable útero de carne púrpura, más allá de la barrera de hielo azul que protegía a la niña, una joven de cabello y ojos dorados permanecía acurrucada como un feto, abrazando sus rodillas mientras recordaba el pasado.

—¿Qué estás soñando, Ariaaaaaaaa~~?

Una risa corrupta, incapaz de convertirse en canción de cuna, resonaba mientras su fuerza vital era drenada.

Entre jadeos de agonía, mientras su cuerpo se desmoronaba lentamente, como si anunciara el final inminente de su vida, un sonido seco, ¡crack!, resonó.

Una nueva grieta se había formado en la barrera de hielo azul que la protegía.

DanMachi - Sword Oratoria, Vol. 15 SS DanMachi - Sword Oratoria, Vol. 15 SS

Comments

Esta SS es un extra de la versión Especial del volúmen 15. Posterior al epilogo.

Fisher H

Osea esto es ya cuando había sido capturada por el espíritu en el piso 60?

CF10

Es según la tienda donde se compre, en este caso las que se tradujeron son las de Bookwalker. Si llegamos a encontrar las otras, trataremos también de traducirlas.

Fisher H

Gracias, cuántas historias cortas son?

Familia GaVi


More Creators