PRÓLOGO - EL RESPLANDOR DEL HÉROE
Vi a los Héroes.
En el horizonte donde el cielo y el mar se funden, tan oscuros como si el mundo llegara a su fin, en medio de esa penumbra absoluta.
En aquel vasto océano donde la desesperación y el ocaso se suceden sin tregua.
Incluso en la oscuridad que devora todo, incluso en medio del rugido ensordecedor de formas monstruosas, contemplé el Resplandor del Héroe.
—“Bendición de la raíz del mal, maldición de nacimiento. Mi pecado original que devoró la mitad de mi cuerpo”.
La furia del mar, indescriptible con meras palabras, rompía y aplastaba todo, mientras las gotas de agua que volaban eran como balas.
La arrogancia de permanecer sobre el agua, siendo un simple humano, hacía tiempo que no era tolerada.
En un futuro distante, la colosal “Fortaleza Marina” conocida como el Distrito Escolar quedó completamente destruida; las plataformas que quedaron eran miserables, meros restos astillados como balsas rotas en mil pedazos.
En ese abismo final del océano, el resplandor del Héroe nunca se extinguió.
Quedó grabada en los ojos de quien, aferrado a un tablón del barco, no podía hacer más que mirar con asombro.
—“…No es difícil. No hay purificación. No hay salvación. La resonancia de este sonido celestial es mi pecado”.
Un cántico interminable.
Una concentración de poder mágico descomunal.
La bruja de cabello gris rechazaba la tormenta y el vendaval con su mera presencia.
Flotando en el aire, mientras la lógica se distorsionaba en el caos del vórtice mágico, continuaba cantando, incluso con sus labios teñidos de sangre fresca.
El señor de los mares, que había reducido a incontables guerreros experimentados a simples despojos del océano y masacrado sin piedad, lanzó un lamento.
Un rugido de terror.
Una de las bestias colosales que se enorgullecía de un cuerpo tan vasto que parecía capaz de devorar el mundo, una criatura que solo al moverse creaba olas devastadoras.
Aquella gran bestia temió el canto del héroe.
—“…La trompeta de los dioses, la lira de los espíritus. Melodía de la luz, el sello del pecado”.
Un maremoto se desató.
La devastadora embestida marina, capaz de devorar y aniquilar todo, fue detenida por los rugidos de los otros héroes.
Una sola estocada de una mujer guerrera derribó miles de destellos de luz.
El temible asalto del soberano que podía quebrar el mundo fue rechazado por un único campeón, que con una sola espada lo hundió en las profundidades.
La magia de los camaradas, aferrados a sus balsas destartaladas, destrozó las escamas de la bestia.
Los guerreros del mar se lanzaron a las aguas, sinónimo de muerte, y atravesaron el gigantesco cuerpo con sus arpones.
—“…Amada por el jardín en miniatura, mi destino está destrozado. Te odio”.
La sangre no cesaba de manar.
Uno nunca podría cansarse de escuchar aquellos gritos desgarradores.
El cántico que resonaba incesante acabó transformándose en una marcha fúnebre.
Y, aun así, la melancólica melodía ansiaba convertirse en un himno triunfal.
Sacudió este cuerpo que ya no podía mover ni un solo dedo.
El resplandor de los Héroes, que rasgaba la oscuridad y se refractaba en todas direcciones, grabó su luz en estos ojos y este corazón.
—“La compensación está aquí. Destrúyelo todo con una prueba de mi pecado. Llora, santo campanario”.
La magia, que había alcanzado su punto crítico, fue liberada con aterradora sencillez.
Dirigida contra el símbolo del fin del mundo, se desató la bendición de la destrucción sagrada.
El mundo, antes teñido de oscuridad, quedó sumido de blanco. La cúspide de una explosión devastadora, carente de toda belleza, lo envolvió todo.
En los momentos finales, justo antes de perder la conciencia, escuché algo en aquel mundo blanco.
El rugido triunfal de los Héroes que derrotaron a la gran bestia.
Aquellos que tejieron milagros y esperanza, desafiando lo imposible.
¿Eso es?
¿Eso es lo que se necesita?
¿Para iluminar este maldito mundo?
¿Para salvar este mundo que detesto con todo mi ser?
Vi a un “Héroe”.
Esa propagación de la luz llamada esperanza no debe detenerse.
Incluso cuando llegue nuestro turno, debemos reavivar ese fulgor resplandeciente.
──El mundo anhela héroes.
Así es.
Al igual que el mundo, estos ojos y este corazón, marcados por su imponente figura, también los anhelan.
Sin duda, seguirán persiguiendo esa imagen, deseándola.
El surgimiento de nuevos Héroes.
El mayor número posible de gritos de nacimiento de Héroes.
Nosotros deseamos a los guías de la esperanza.
× × ×
─…León
El cielo estaba despejado y azul.
El lago de agua salobre que se extendía ante la vista brillaba como siempre, ignorando por completo el oscuro océano grabado en la memoria detrás de los párpados.
Escuchando las voces de las aves marinas, León observaba el panorama del Distrito Escolar desde la Torre del Templo, el puente que se alzaba en el centro del colosal barco.
Cuando oyó la voz de su dios llamándole, se giró.
—¿Baldr-sama? ¿Ocurre algo?
—Ha llegado un mensaje de la Gran Muralla. Uno de los “Ronquidos” resonó desde el valle.
El aire invernal, hasta entonces tranquilo, se tensó por un instante alrededor de Leon.
—¿Se escapó algún espécimen?
—Probablemente uno grande. Parece estar atrapado en la barrera del Distrito Escolar, pero es solo cuestión de tiempo antes de que logre liberarse.
León guardó silencio ante el informe de Baldr, director del Distrito Escolar y su Dios.
Por un breve instante, se sumió en sus pensamientos y alzo la vista hacia el norte, donde las montañas dibujaban su contorno, opuesto al lago salobre y al vasto océano.
—Quisiera escuchar la opinión de un dios no humano. ¿Cuánto tiempo cree que tenemos?
—Doce días. Aunque solo es una corazonada.
La respuesta de Baldr fue concisa, y Leon no la puso en duda. Asintió lentamente.
—En ese caso, iré yo. Y, si se me lo permite... me gustaría llevar acompañantes.
—¿Él?
—Sí.
Los párpados siempre cerrados de Baldr se curvaron suavemente, formando una cálida sonrisa.
León también sonrió en respuesta, mientras dirigía una última mirada hacia ello: la Ciudad de los Héroes, rodeada por colosales murallas y coronada por una inmensa torre blanca que parecía alcanzar el cielo.
—El aventurero con quien tenía un acuerdo... quiero aprovechar esta ocasión para soñar con un nuevo héroe.